11. Katrina 🕯️

1124 Palabras
Una semana. Una maldita semana habían transcurrido desde la ultima vez que caminé libremente por la casa. Katrina había bajado al calabozo un par de veces, dejándome comida, agua, y algunas toallas y sabanas limpias, que en ningún momento usé, ni alimento probé. Prefería morir. Miré las rendijas de la pequeña ventana que tiene el calabozo y veo el jardín al exterior con el jardinero que Katrina había observado desde la ventana de la cocina una semana atrás. —¡Ayudaaa! —grito, moviendo con mis dos manos las rendijas con la esperanza de convertirme en un superhéroe tan fuerte que pueda librarme de la mano de mi enemigo, sin embargo, me es imposible, pero, como días anteriores, capto nuevamente la atención del jardinero que me mira y voltea todos lados. Suspiro. Estoy sucia, no me he cambiado de vestido desde que, entre aquí, y mucho menos comido, no me apetece, tengo entre ceja y ceja marcharme de esta porquería de casa en la que vine a caer. Observo que el jardinero se acerca a la rendija y eso me da una esperanza, quizás, el me ayude. —¡Gracias a Dios estas aquí! —dije, con desesperación. Él me mira, y noto sus ojos de un azul intenso. —¿Estas atrapada? —¡Ayúdame, por favor! —Voy avisarle al capitán… —dice, poniendo un paso atrás para marcharse. —¡No! ¡espera! ¡no! —grito, angustiada —. Él me encerró aquí —confieso. El jardinero abre los ojos de par en par. —Me temo que nunca saldrás de aquí. El rostro se me descoloca al escuchar esas palabras. La desazón me gobierna el cuerpo y suelto un suspiro de frustración. —¿No puedes ayudarme? Mueve la cabeza. Lloro, estallo nuevamente en llanto. —¡Lo siento! —dice, mirándome. Pongo mis dos manos sobre las rendijas y vuelvo hacer movimientos bruscos con la esperanza de removerla… Nada. —¡Necesito salir de aquí! —espeto, con la voz entre cortada. —Pero… con toda esta seguridad, es difícil. Además, si el señor te ha encerrado, es por algo. ¿Qué hiciste? Suspiro. —Le amenacé. Los ojos azules del muchacho de cabello castaños y ojos azules se abrieron de sorpresa. Quizás, pensara que estaba loca por hacer eso. —¿¡Acaso te volviste loca!? ¿Cómo pudiste amenazar al gran capitán Schwartz? más bien, es un milagro que estes con vida Entrecierro los ojos, recordando mis palabras declaradas y la satisfacción que sentí al soltarle todo mi veneno. —¿Puedes ayudarme o no? —retome el tema importante. El jardinero mira a todos lados, luego, suspira. —Yo no puedo hacer nada. Cierro los ojos con fuerza, frustrada. —Pero, tengo a un amigo que te puede ayudar. Abro los ojos de golpe. —¡Haré lo que sea para salir de aquí! —Muy bien, le comentaré, pero, de verdad tienes que estar dispuesta a lo que sea —Juro por mi Dios que haré lo que sea. Él me lanza una mirada inquisitiva —De acuerdo. Espera que te busque, yo lo haré ¿entendido? —Entendido, pero, no te demores por favor. —Hablaré con él esta misma noche si es posible. —Te agradecería un montón. De pronto se abrió la puerta, y siento que mi salida de escape se va al caño, sin embargo, el jardinero fue lo suficientemente rápido para esconderse. Mis ojos caen en la rendija y él ya no está. Katrina mira toda la comida en el suelo intacta y se toca el pecho. Esta perfectamente peinada, con un vestido rosa vieja y unos guantes de encajes blancos. —¡Santo cielo Jimin! No has probado nada. —¡No quiero! —digo, seco. Los ojos verdes brillantes de Katrina me miran con tristeza. —No quiero que te enfermes. —Entonces, libérame —replico. Parpadea, y suelta un gran suspiro. —No puedo hacer eso. —¿Por qué? —Por qué seria traicionar a mi hermano —¡Tu hermano es un monstruo! —me siento en la cama, y me voy arrimando poco a poco hasta quedar en un rincón. La muchacha de porcelana como me gusta decirle ladea la cabeza hacia atrás tras tensársele los músculos de la mandíbula. —Tiene una razón para comportarse como un monstruo —lo defiende. Me rio con ironía. —Y yo tengo las razones suficientes para querer acribillarlo. Las cejas de Katrina se curvan en una expresión de dolor. —¡No eres así Jimin! —Corrección. ¡Si soy así! —No, no lo eres. —¡Ni siquiera me conoces! —chillo, con los ojos pelados. Katrina esboza una sonrisita de medio lado que la hace ver mas delicada de lo normal. —¡Te conozco! Conozco a esa chica que sonríe, que toca el piano con un sentimiento inigualable, y que es amorosa y cariñosa. Le doy una mirada indulgente. —Esa chica que es mi amiga, mi compañera, mi pianista, la que me animo a algún día presentar una audición en el teatro. Vuelvo a reírme, esta vez con una carcajada excesivamente ruidosa. —Creo que debo dejarte unas cuantas cosas en claro: primero, ¡no soy tu amiga!, dos, ¡no me agradas en lo absoluto! Y tres, esa chica que llego a la casa, murió, ustedes la destruyeron. Un silencio inmenso se apodera del calabozo y tengo que voltear a otro lado para no tropezarme con los ojos hermosos de Katrina que me mira con lágrimas. —¡Lo siento! —estalla en llanto. Todo el veneno se concentra en mi lengua. —¡No, no lo sientes! ¡Eres igual de hipócrita y de monstruo que tu hermano! —escupo con tanto rencor que quiero lastimarla, romperla, quitarle esa imagen de niña buena y mostrar lo que de verdad es, otro demonio con apariencia angelical. Así era esta familia, el mismísimo satanás disfrazado de ángel de luz. —¡NO SOY IGUAL QUE MI HERMANO! —grita, sollozando. —¡Para mi lo eres! —espeto —. Tu hermano me ha hecho demasiado daño. —¡Tal vez con justa razón! Levanto una ceja, furiosa, con la adrenalina corriéndome en todo el cuerpo e hirviéndome la sangre. Le lanzo una mirada de desprecio apretando los dientes y tensando todo el cuerpo para no balancearme sobre ella y quitarle la cabeza. —¿Qué dices? —refuto —. ¡¡TU HERMANO MATÒ A MI ESPOSO!! Entonces, ella escupe con el mismo tono que yo, lo que nunca esperé escuchar. —¡¡TU ESPOSO MATÒ A LA ESPOSA DE MI HERMANO!! ****** Notita: Deja tú comentario.
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