Era un día especial. Supuestamente, de los enamorados. Magnolia odiaba el día de los enamorados porque lo veía como una fiesta comercial, pero para Liam era importante. Si querían que resultara aquella estafa, debían verlo salir con ella o besarla en serio en algún lugar público. Y mentiría si decía que no quería besarla. Para él, era extraño... en las mañanas, discutían sin falta por alguna trivialidad, sí dejó los platos sucios, si no tocaba la puerta del cuarto antes de entrar, si dejaba tirado los zapatos; pero luego de gritar, su tensión subía y solo moría por besarla, desnudarla y resolver aquella situación de un modo en el que ambos ganaran. –Te ves mal. –Rió Trek. –Acaso ¿No cumples la última parte del reto? —Cállate. –Soltó el aire. –Lía es una mujer desesperante. Es todo. —O se

