—¿Quieres decirme oscuros secretos tuyos que luego podré usar en tu contra? —preguntó Magnolia bajando un poco la guardia y mirando a Liam sonreir. —¿Por qué no? –Se recostó apoyándose sobre sus hombros. –Primera confesión. Cuando tenía siete, tomaba mis lápices en la escuela y creía que eran baquetas, ponía mis cuadernos y libros en las posiciones de los toms de una batería, los platillos y demás y comenzaba a golpearlos uno a uno. Me sentía Jack Irons. –Rieron los dos mientras comían un poco de los sándwiches. –Eso es una confesión. Dime algo tú, no creas que puedes recibir sin dar algo a cambio. Magnolia se relajó también y se recostó en la manta viendo el cielo despejado. Se sentía bien dejarse llevar sin un plan. —Comencé a tocar piano a los siete años. Fue mi primer instrumento. –D

