Escuchó el sonido de la motocicleta en las afueras de su casa, salió y se sorprendió de ver allí a su hijo menor junto a una chica. – ¿A cuál de los dioses le debo el milagro? –Se apoyaba en un bastón y caminaba con paso lento por el jardín. —Es bueno verte aquí. —Papá, ella es Lía, Magnolia. Solo vinimos de paseo por aquí y, se nos hizo tarde. –Dijo intentando no sonar nervioso. –Sé que debí avisar. —Nada de eso. –Sonrió Matthew y terminó por abrazar a su hijo. –Es bueno verte, William. Un gusto conocerla, señorita, mi nombre es Matthew Lancaster. —Magnolia. Me dicen Lía. –Sonrió ella. –Larga historia. —Pasen. –Liam tomó la mochila y pasó junto a Lía a la casita. La chimenea, los muebles, así como las fotos la hacían ver tan acogedora por dentro como lo era por fuera. –Pocas veces son

