Ahora vivirás sin piernas

1716 Palabras

ALESSANDRO El sonido fue seco. Como el crujido de una rama al partirse, pero multiplicado por mil. El disparo resonó en la habitación como un latigazo, y por un segundo, nadie se movió. Rupert gritó. No fue un grito digno. No fue un rugido de rabia o dolor contenido. Fue un alarido agudo, histérico, el sonido de un cerdo degollado. Cayó como un costal de huesos, la bala le había perforado el muslo derecho, cerca de la ingle. La sangre brotó de inmediato, oscura, caliente, manchando la alfombra persa como si fuera vino derramado. Me giré instintivamente hacia la ventana. El punto rojo había desaparecido de mi pecho. ¿Qué carajo acababa de pasar? —¡¿Qué fue eso?! —gritó Marcello, ya con su arma desenfundada. —¡Al suelo! —ordené, aunque nadie lo necesitaba. Vito ya se había movido como

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