-Carther...- estaba empujándolo con todas mis fuerzas hasta la escalera para que fuera a disculparse con Kian, pero apenas si lograba moverlo- Carther, ¿puedes parar? - me miraba sin entender que estaba haciendo, no podía ser posible que no lo moviera ni un solo centímetro.
- Anda, tienes una disculpa que dar- me cruce de brazos esperando que subiera, pero no hizo ni un solo movimiento, a cambio de eso una sonrisa apareció en su rostro, si será idiota- no le encuentro lo gracioso Stephen.
- Lo haré, pero cuando yo lo estime conveniente, y a esta hora no lo es. Ahora mueve ese trasero adentro de la casa - tome las llaves molestas, sabía que alguna trampa había, apenas logre colocarlas en el cerrojo para abrir la puerta, me quito las llaves de las manos y lo hizo el.
Entre dejando mi cartera sobre el sofá, mientras Stephen cerraba la puerta y se apoyaba en ella observando cada uno de mis movimientos, mi cuerpo estaba comenzando a sentir calor, y no sabía si era por los cinco tragos o porque Stephen me miraba desde la puerta.
- ¿Te vas a quedar ahí parado mirándome? - lo mire con suficiencia muy segura de mi misma, el solo sonrió con malicia, no me gustaba nada esa sonrisa justo ahora.
- ¿Deseas que haga algo por ti? - estaba jugando, lástima que, para él, este juego lo venía ganado desde que entro por esa puerta.
-No.… ¿por qué? ya hiciste suficiente por hoy - bufe y comencé a quitar mi camiseta mientras caminaba hasta mi cuarto, esta pésimamente mal lo que hacía, porque sabía que, si tan solo me llegaba a tocar una sola vez, el tomaría ventaja.
Quite mis jeans quedando en bragas y sujetador, no era de las chicas que tenían ropa interior muy provocativa, más bien, lo único provocativo que tenía esta, eran detalles con encajes negros, pero en este momento no creo que importe demasiado.
-Se lo que estás haciendo Carther y será mejor que pares - estaba parado en la puerta de mi habitación mirándome con descaro.
- ¿por qué? - fingí inocencia, sabía que estaba jugando que fuego, y no tardaría demasiado en quemarme.
-Porque estas borrachas y no sabes lo que haces, esperare a que te duermas y me iré- salió de la habitación cerrando la puerta, me quede viendo hacia la puerta un momento pensando en que volvería, pero no lo hizo. Quizás ya no le gusto como antes, mire mi cuerpo peguntándome si eran los dulces, y había engordado y tal vez por eso ya no me quería, saque su camiseta y me coloque, creo que no era de las borrachas felices, era más bien de las depresivas que se colocaban a llorar por cualquier cosa. Salí del cuarto para ir por algo de comida a la cocina, estaba hambrienta como nunca antes. Stephen estaba preparando un café, cuando me vio entrar, se quedó un momento viendo su camiseta, parecía sorprendido de que aun la tuviera.
-Puedo devolvértela si quieres - me encogí de hombros mientras buscaba algo de comer en la nevera, encentre un poco de helado de chocolate, tome una cuchara feliz con mi hallazgo.
-Deja eso ahí, te he preparado un café - fruncí el ceño, ¿porque estaba tan cabreado ahora? -
-No, quiero helado, no me gusta el café- tome la cuchara abriendo el envase, pero en un segundo me lo quito de las manos.
-Sé que no te gusta, pero necesitas pasar esa borrachera, es esto una ducha helada, ¿qué prefieres? - sonreí viendo su cara, esta cabreado y nos porque, pero me parecía bastante gracioso que lo estuviera, no éramos absolutamente nada y estaba muy cómodo dándome órdenes.
- ¿La ducha es contigo? - batí mis pestañas con una sonrisa en el rostro.
-Carther...- con un tono de advertencia tomo la taza de café y me la ofreció- Todo.
-Stephen - sabía que mis reclamos no serían de mucha ayuda asique la tome lo más rápido que pude, nunca me gusto el sabor que tenía el café, no entendía como mi madre podía tomarlo cargado y sin azúcar. Ni siquiera me sentía tan borracha como para tomar una taza de esto.
- ¿Ahora me dejas tomar mi helado? - tenia los brazos cruzados sobre su pecho, estaba apoyado sobre la encimera, mirándome atentamente, asintió y me acerque a la mesa donde lo había dejado, sentía su mirada a mis espaldas, su camiseta no lograba tapar demasiado, pero al menos lo que necesitaba que estuviera cubierto, lo estaba.
El ambiente estaba demasiado tenso, me acerqué hasta el para tomar una cuchara, abrí el cajón sin siquiera mirarle, de pronto estaba demasiado nerviosa como para hacerlo, su respiración había cambiado, era lenta y pesada, la mía solo parecía ir mas rápido para tener un poco más de aire, empezaba a faltarme aquí.
- ¿Quieres que me vaya? - su cuerpo estaba a tan pocos centímetros del mío, que no podía pensar con claridad.
-Deberías hacerlo...-metió su mano dentro del cajón sacando una cuchara para mí, lo cerro empujándome contra la encimera, apoyo sus manos sobre ella, acorralándome.
- Esa no es una respuesta Carther... sabes bien que yo jamás hago lo que debería-su mirada fue hasta mis labios para volver a mis ojos otra vez.
-Tu sabes cómo son las cosas Stephen. -una sonrisa burlona apareció en su rostro.
- ¿Como son Carther? porque si no me quisieras aquí, si no te gustara un poco, me hubieras mandado a la mierda desde el primer día que dije que te quería de vuelta, dime Carther ¿por qué no lo haces? -
-No estás jugando limpio- intente apartarme, pero apego su cuerpo más al mío, no dejándome salida.
-Yo jamás juego limpio, pensé que ya lo sabias, puedes seguir evadiendo la pregunta, pero hasta que no la respondas no me moveré de aquí.
-No tengo nada que decir -mire hacia otro lado, no podía mirarlo a los ojos.
-Puedo responder por ti si lo deseas- sus labios se acercaron a mi oído para susurrarme lentamente- me amas tanto como yo te amo a ti- se apartó para buscar mi mirada- y no estoy dispuesto a ver como intentas sacarme de tu vida con alguien más.
-No necesitas verlo- respondí a la defensiva, su arrogante sonrisa apareció frente a mí-
-Puedes pasar toda tu vida buscando Carther, pero para cuando te des cuenta voy a seguir ahí, porque no hay una maldita persona en este mundo que me pueda hacer sentir como tú-sus manos acariciaron mi cintura lentamente haciéndome perder el control.
- Stephen...-su mano subió lentamente por mi espalda, extrañaba sentirle cerca, su mano, la forma en que me miraba, estoy convencida que en este mundo todos tenemos una persona que se transforma en nuestra debilidad, él era la mía, lo extrañaba y no podía evitarlo.
Sus labios se acercaron lentamente a mi cuello, en cuanto lo tocaron, sabía que no podría detenerme, no era consciente de que estaba manteniendo la respiración hasta que se apartó para mirarme a los ojos.
- ¿Me quieres? - sus verdes ojos me miraban con atención, asentí, porque no podía decir una sola palabra, tal vez si no lo decía en voz alta, no me sentiría culpable luego.
-Eso es todo lo que importa - sus labios se acercaron a los míos sintiéndolo por primera vez en mucho tiempo, demonios, se sentía tan bien.
Tome sus mejillas con mis manos acercándolo a mí, sus manos tomaron mis muslos para rodear su cadera con mi pierna, abrió mis labios sin pedir permiso para intensificar el beso, sentía que toda la habitación se movía cada vez que sus labios tocaban los míos.
Me sentó sobre la encimera, tome el borde de su camiseta y comencé a levantarla para quitarla, en cuanto lo hice me acerqué a él con miedo a que se arrepintiera, pero el parecía no tener ninguna intención de parar.
Acaricie su torso desnudo, joder, ¿era posible que estuviera aún mejor que antes? Me acerqué a él para comenzar a buscar su cuello, hasta llegar a su pirsin y tirar de el con mis dientes, la forma en que se escuchaba los sonidos provenientes de su garganta era jodidamente sexy.
Coloque mis manos en su cadera acercándolo a mí, baje con un camino de besos hasta sus oblicuos sin dejar un solo sitio sin ser besado.
Sus manos buscaron desesperadas el borde de la camiseta para quitármela, en cuanto lo hizo maldijo entre dientes, sonreí acercándolo a mí. Me tomo con cuidado llevándome hasta mi habitación, podía sentir cuán ansioso estaba por llegar hasta ella.
Me bajo dejando que mis pies tocarán el suelo, cerró la puerta con pestillo y volvió su mirada a mi
-No voy a irme Stephen - sabía que era eso lo que le preocupaba, asintió seguro de que no lo haría, tome su mano y lo acerque a mí, me senté sobre la cama dejándolo de pie frente a mí.
Bese su abdomen comenzando a desabrochar su cinturón, lo quite un solo tirón mientras su mirada no se apartaba de la mía. Baje sus jeans torpemente para sólo darme cuenta que ya estaba listo. Acerqué mis manos nerviosas a el bulto en su bóxer, cerro sus ojos al momento que mis manos se movieron.
-Joder...-su voz grave estaba haciendo estragos con mi autocontrol, apartó mi mano acercándose a mí para besarme desesperadamente, se sentó el borde de la cama y tomando mis caderas me sentó sobre él.
Sin dejar de besarme llevo sus manos al broche de mi sujetador y lo quito rápidamente, sus labios bajaron hasta mis senos en un abrir y cerrar de ojos, acaricie su cabello mientras el continuaba besándolos con veneración.
-dios Carther...nos que estás haciendo conmigo- dio pequeños mordiscos a mi estómago y volví a subir a mis labios.
Su mano se perdió en mis bragas, mordí sus labios al momento que comenzó a moverla contra mí, nunca había dicho tantas palabras groseras en un segundo.
Sus manos me conocían tan bien, sabía dónde y cómo tocar, el sólo veía como me retorcía de placer contra su mano, dejo un par de besos en mi cuello y me recostó sobre la cama quitando las bragas del camino.
Se quedó un momento observándome, siempre me colocaría nerviosa que hiciera eso.
-Eres preciosa Carther, soy un cabron con suerte al tener - se quitó la última prenda de ropa que quedaba en él, era perfecto, era la persona más bella que alguna vez conocí.
Se colocó entre mis piernas y beso mis labios tiernamente, acaricie su mejilla buscando su mirada. Sentía que el corazón se me iba a salir del pecho, latía más rápido de lo común cuando él estaba cerca, bese sus labios frotando mi nariz contra la suya.
-Dilo...-susurro sobre mis labios-
-No puedo...-se apartó para verme, parecía lastimado.