Giancarlo. Sentirla estremecer con mi toque, hace que mi entrepierna reaccione de inmediato. Jamás podré tener suficiente de ella, nunca hubo, ni habrá nadie que pueda interesarme siquiera. Melly es mi mundo entero, siento como su centro me aprieta los dedos, y no se porque motivo esta más sensible que nunca. Me pide a gritos que entre en ella, pero no puedo dejar pasar así como así, el que se marchara. Continuo pegada a su pecho y mis dedos clavados en su interior. Con mi mano libre alcanzó una pequeña bala, que lubrico con el aceite que cayó en la mesa. Me separo unos instantes de su pezón y avanzo para colocarme en medio de sus piernas, sin sacar mi otra mano de sus labios. Enciendo la bala y mi mano vibra con ella, primero la paso por su botón ya hinchado, la veo retorcerse. La

