KAYLINE No entendía nada. Fruncí el ceño mientras trataba de descifrar qué rayos quería decir John con todo esto. Había algo en mí, como un impulso extraño de saltar hacia él, de tocarlo, de respirar profundamente su aroma. ¿Qué me estaba pasando? Sentía como si no fuera yo misma. Cuando él se acercó un poco más, el desconocido soltó un gruñido que me hizo sentir escalofríos hasta la médula. —Déjala en paz —ordenó aquel tipo, con una voz tan grave que parecía venir de lo más profundo de su pecho. La tensión en el ambiente se podía sentir. John apretó los dientes, sus puños temblaban, como si estuviera a punto de explotar. No quería ni imaginarme qué pasaría si perdía el control. Un hombre lobo fuera de sus casillas era peligroso, eso lo tenía claro. Pero la voz del extraño no dejó lugar

