KAYLINE Dolor. Eso es lo que sentía yo. Desde la punta de mis pies hasta el último mechón de cabello, todo me ardía como si un fuego interno estuviera consumiéndome. En algún momento de mi adolescencia, aprendí a convivir con el dolor. Podía ignorarlo cuando se volvía insoportable. Inspiré hondo, tratando de desconectarme, de mandar mi mente lejos de este infierno. Dylan. Su nombre resonaba como un eco constante en mi cabeza. Era mi refugio, mi paz. Tenía esa rara habilidad de calmarme, de decir lo que necesitaba escuchar en el momento justo. Era como si leyera mis pensamientos. Lo entendí al fin: él era mi otra mitad, mi todo. No había vida sin él. Me sentía una idiota por haber pensado siquiera en huir. Deseo. Cada tanto, sentía una caricia suave en mi rostro. Sabía que era su mano, n

