KAYLINE No sé ni cómo me sostuve. Si no hubiera estado sentada, me habría ido directo al suelo. Mi mamá ya lo sabía. ¿Cómo se enteró? Sólo un nombre pasó por mi cabeza: Matt. ¡Maldita sea! Yo quería decírselos a mis papás, a mi manera y a mi tiempo. —Yo... yo iba a contártelo —balbuceé, sintiendo cómo la vergüenza me subía al rostro. —¿Ah, sí? ¿Cuándo pensabas decírmelo? Apreté los puños. Mi mamá tenía un talento especial para sacarme de mis casillas en cuestión de segundos. Con ese moño tan apretado que parecía que no se le movía ni un cabello y esos ojos claros que te perforaban, no era fácil mantener la calma. —Cuando decidas quedarte aquí, mamá —le solté. Por un segundo, vi que se sorprendió. Jamás la había visto enojada, ni triste, ni nada. Cuando Matt la llamó para contarle sob

