Khalid está en su oficina, inmerso en una reunión de negocios, frente a él está una mujer elegante y profesional, cuya presencia impone sin ser provocativa, y le expone los últimos avances de la empresa en Europa. La conversación fluye con agilidad, entre números y planes para el futuro. Ella habla con una seguridad que impresiona, pero Khalid mantiene su mirada fija, porque ha aprendido a leer bien a las personas para asegurarse de que no le mienten. —Si sigue este ritmo, alcanzaremos un 30% más de rendimiento en el próximo semestre —dice la mujer, repasando las cifras en su tablet—. Será un buen año para la familia real, Su Alteza. Khalid asiente y sus ojos recorren los papeles dispuestos frente a él, pero su mente no puede evitar distraerse por un segundo. Fatima no ha dejado de insi

