Capítulo 1: La chica fea en primera clase
—¡Olivia! —el grito de su jefa hace que la chica tire las hojas que acaba de acomodar porque reconoce ese tono de bruja en segundo nivel.
—S-señora Gunter, ¿qué necesita?
—¡¿Por qué no me dijiste que mi pasaporte está vencido?! —la chica la mira sin comprender, porque sólo tiene allí un año y mucho menos tiene acceso a sus documentos—. ¡¡Ahora no puedo viajar por tu culpa!!
—P-pero… yo sólo tengo un año aquí y…
—¡Excusas es lo que oigo! ¡Ya vete de una vez, no sé ni para qué te contraté!
Y la chica no se lo hace repetir, sólo sale de la oficina de su jefa y sigue con el resto de su trabajo, que afortunadamente es lejos de ella. Aquel viaje a Emiratos Árabes representa una oportunidad única para la empresa, hasta ella, una simple asistente lo entiende, y el hecho de que su jefa no pueda viajar para cerrar el trato debe estarla matando del coraje.
En la medida que la chica va entregando los documentos que su jefa ha mandado a repartir a cada departamento, le regresan un insulto que no se merece o un montón de documentos para que la jefa revise… aunque bien sabe que será ella quien termine por hacerlo hasta quién sabe qué hora.
Se da un escape al baño, llama a su madre y le dice que llegará tarde de nuevo, para que no la espere a cenar.
Cuando llega a su escritorio de nuevo, comienza a organizar todos los papeles y carpetas, pero se salta en el momento que aquel grito le llega demasiado cerca.
—¡Olivia! ¡¿Dónde demonios estabas?! ¿Es que tu peso te vuelve más lenta? —ella sólo baja la mirada para encajar el insulto, pero su jefa no le da tregua—. ¿Tienes pasaporte?
—Sí… —responde dudosa y su jefa asiente con molestia.
—Bien, te largas ahora a tu casa, prepara una maleta con la mejor ropa que tengas, esa que te hace ver menos gorda, y luego te vas al aeropuerto…
—Disculpe, ¿voy a viajar?
—“Disculpe, ¿voy a viajar?” —se mofa la mujer y rueda los ojos—. Es que además de fea y gorda, eres sorda y tonta, no sé por qué demonios eres mi asistente. ¡Sí, te vas de viaje! Si yo no puedo viajar, tendrás que hacerlo tú.
—P-pero… yo tengo que pedirles permiso a mis padres y…
—¡Y me importa un cuerno! ¡La única persona que conoce el trato, además de mí, eres tú! Así que decide, o tomas mi lugar o te largas, pero de la empresa y para siempre, porque es tu trabajo. ¡Tú te equivocaste! ¡¡Tú lo arreglas!!
—Sí, señora Gunter —Olivia sigue ordenando los papeles, pero la mujer la levanta tirándole la trenza para halarla.
—¡Que te vayas ahora! Pasa por recursos humanos para que te den el viático y todo lo que necesitas —le echa un ojo a los documentos que Olivia está ordenando y se los deja en las manos—. Y ya que tendrás muchas horas de espera y vuelo, te llevas esto porque yo no pienso hacer tu trabajo porque no estés aquí.
Olivia toma todo, lo mete dentro de una bolsa y corre por la oficina para ir hasta el ascensor pensando en lo que les dirá a sus padres para que no la maten por tener que irse así.
Con veintiún años todavía vive con ellos, su salario lo administra su padre para que ella no se lo gaste en esas chucherías que le gustan y hasta las horas extras deben ser autorizadas por sus padres.
En cuanto llega a casa corre a su cuarto para preparar todo, en ese ajetreo se asoma su madre y le pregunta qué es ese desastre sobre su cama.
—¡Lo siento, madre, pero tengo que viajar! —dice agitada buscando el atuendo necesario—. Mi jefa tuvo un problema y tengo que tomar su lugar.
—¡¿Y con permiso de quién vas a Emiratos Árabes?! ¡Porque el mío no lo tienes!
—Pues o voy o me quedo desempleada —cierra la maleta y la deja en el piso—. Tú no has encontrado trabajo y papá cada vez tiene menos comisiones, así que no me queda más que aceptar este viaje porque necesitamos ese dinero.
Por primera vez Olivia defiende algo que cree es lo mejor para ella, pasa por el lado de su madre y busca sus documentos. Por supuesto que la llamada de su padre no se hace esperar y con aquel argumento de Olivia, no le queda más que aceptar y prevenirla de todo lo que puede encontrar en su viaje.
Cuando llega al aeropuerto corre para hacer tomar el lugar de su jefa, pero cuando ve la expresión de la mujer sólo se pone más nerviosa. Hasta que las palabras que tanto temía, le llegan.
—Lo siento… pero su vuelo ha sido sobrevendido y no hay espacio en clase económica.
—Por favor, no puede dejarme abajo… ¡Mi jefa me matará!
—Lo lamento… me temo que debo cambiarla a la clase VIP del vuelo —a Olivia se le cae la quijada y la mujer sonríe—. Creo que debí empezar por eso… aquí está su ticket y podemos registrar su equipaje ahora mismo, luego podrá esperar en la sala VIP para abordar.
—Gracias…
Por supuesto que no puede dejar de sonreír porque por primera vez en mucho tiempo le sale algo mejor de lo que esperaba, será la chica fea en primera clase. Para cuando está lista con todo el proceso, se va a la sala de espera y se siente totalmente fuera de lugar al ver la vestimenta de los demás pasajeros.
Le queda al menos una hora más, por lo que se va por un café para despertarse un poco, ya que debe trabajar en los documentos que le mandó su jefa. Cuando va de regreso a su asiento, lleva el café en una mano mientras lee uno de los papeles, por lo que no se da cuenta del cuerpo que se le cruza algo tambaleante y termina chocando con él, desparramando el café sobre ambos.
—¡¿Pero qué…?! —dice el hombre con el acento de un hombre medio alcoholizado y cuando Olivia levanta la mirada algo asustada, se pierde en aquellos ojos azules como dos lagos de esas fotos que tanto le gusta ver.
—Disculpe… no fue mi intención.
—Procure mantenerse lejos de mí —sisea el hombre mirándola de arriba abajo con desprecio y dejándola mojada por el café y los latidos acelerados por su presencia.