Capítulo 2: La puerta equivocada

1107 Palabras
El llamado a abordar la trae a tierra nuevamente, se pone de pie y avanza con ciertos nervios porque es la primera vez que hace un viaje tan largo… y que sale del país. Una amable azafata la deja en su puesto, en el primer asiento en donde queda realmente cómoda y por más que mira a su alrededor no es capaz de encontrar al hombre con el que colisionó. —Al menos no tengo que morirme de vergüenza durante el viaje. Rápidamente se acomoda, se coloca el cinturón y saca su trabajo. El despegue pasa sin inconvenientes, pero ella sigue nerviosa, por lo que al momento en que la asistente de vuelo llega con ella para preguntarle si necesita algo, le pregunta por dos cosas. —¿Tiene algo que ayude a relajarme? —Claro, enseguida le traigo algo que la ayudará, ¿algo más que necesite? —Sí, ¿dónde puedo cambiarme luego? —le dice mostrando su ropa sucia y ella le indica la puerta al fondo, a la izquierda. Cinco minutos después está con un cóctel entre las manos y con el reporte del departamento de lencería. Deja escapar un suspiro al ver uno de los modelos rechazados porque le encanta, pero su jefa no tiene visión, sobre todo para lo que podría ser una maravilla para las personas con problemas de peso, como ella. Un rato después la asistente de vuelo llega con otro cóctel y Olivia se lo agradece más de lo que debiera. Deja los papeles a un lado mirando la copa frente a ella, diciéndose que no debería beber más porque no está acostumbrada, pero está tan delicioso que cuando le van a retirar la copa, pide otro más sólo para disfrutarlo sin nadie que le diga que no puede ni mucho menos, nada de trabajo de por medio. Se baja el tercero de un tirón, pero pronto siente la necesidad de ir al baño, por lo que se pone de pie con cierta dificultad, no hay nadie cerca porque ya están todos dormidos y ella debería hacer lo mismo, luego de saciar esa necesidad. Llega al fondo y mira ambas puertas sin saber a cuál entrar. —La sssseñorita dijo izzzquierda… esta es —dice metiéndose a través de la puerta equivocada. Se arrastra apoyada por la pared para no caer y se mete dentro de otra puerta, encuentra el baño y sacia su urgencia con alivio. Luego de asearse un poco para sentirse más limpia, pero aún mareada, sale del baño y para su sorpresa se encuentra una cama. —Esste es mi día de suerte… Se quita la ropa, queda sólo en ropa interior y se mete a la cama, sin notar que ya hay alguien más allí. Luego de pasar por una de las experiencias más desesperantes y repulsivas de su vida, taparse en alcohol antes de tomar el vuelo a la que se supone es su casa le pareció una buena alternativa a Khalid. Pero lo que no se imaginó es que en su camino se cruzaría una mujer que lo dejaría por lo menos afectado. Sólo segundos fueron los que su cuerpo estuvo pegado al de ella y la sensación no se le quitó ni siquiera con otro cóctel más sobre el avión. No le pareció la gran maravilla, no iba vestida como suelen hacerlo las mujeres de la sala VIP, pero ese recorrido que le hizo a su cuerpo con tono hostil sólo fue para ocultar el hecho de que se la habría llevado a cualquier lugar para quitarse la «curiosidad». Ha pasado años admirando mujeres de buen cuerpo por su trabajo, por lo que sabe controlarse bastante bien, pero el de aquella mujer definitivamente estaba lejos de las curvas que antes desfilaron ante él y lo afectaron más que todas juntas. Se tiró en la cama de su apartado en el avión para dormir y quitarse el alcohol, ya que su padre no le perdonaría llegar ebrio a casa, pero pensar en aquella mujer no lo ha dejado descansar. En una especie de duermevela sintió la puerta abrirse, pero lo pasó por alto pensando que lo había soñado. Sin embargo, en el momento en que siente el peso de un cuerpo acomodarse a su lado, sabe que no es un sueño. Al girarse, se encuentra con los ojos de una mujer que brillan con las tenues luces del cuarto y antes de que ella comience a gritar, él le cubre la boca. —¡¿Qué haces aquí?! ¡Esto es un cuarto privado! —ella intenta hablar, pero no le entiende por estar cubriéndole la boca—. Te dejaré hablar, pero no grites. —¡No sabía! —dice ella tratando de salirse de la cama, pero cuando está a punto de caer, Khalid la toma por la cintura y sólo eso basta para que los dos se queden viendo fijamente—. Usted… —Tú… la chica del café —le dice con voz ronca y la siente estremecerse. —Lo lamento, me iré de inmediato, sólo dese la vuelta para que me pueda vestir. —¿Por qué haría algo como eso? Este es mi cuarto y nadie me da órdenes. —Al menos cierre los ojos —le dice Olivia cubriéndose hasta el mentón para que aquel desconocido no le vea nada. —No. Olivia se queda quieta, casi sin respirar, intentando pensar qué hacer, pero entre los nervios y el efecto del alcohol no tiene idea. Nunca se mostró ni siquiera con bañador frente a un muchacho por miedo a que se burlaran de su cuerpo, ¿cómo podría hacerlo en ropa interior frente a un desconocido? Y, sobre todo, un desconocido muy guapo. —Por favor… —le dice ella nerviosa y con las lágrimas subiéndole a los ojos, porque no puede creer otra situación más vergonzosa que esa. —Está bien, cerraré los ojos treinta segundos, nada más —ella asiente y en cuanto Khalid los cierra, ella salta de la cama para vestirse. El problema es que su coordinación es terrible y para cuando está tratando de meterse la pierna del pantalón cae a la cama de nuevo. El hombre se mueve para quitárselo, se coloca sobre ella y cuando Olivia lo ve a los ojos, Khalid le dice con esa voz que sentencia su destino. —Te di la oportunidad de escapar de un depredador, pero la perdiste… y yo no doy segundas oportunidades. Y lejos de todas aquellas reglas que lo atan, Khalid une sus labios con los de Olivia sin perder más tiempo, porque el vuelo no será eterno.
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