Capítulo 3: Las consecuencias de no irse

1349 Palabras
Khalid siempre se vanaglorió por su autocontrol, esa capacidad de decirle que no incluso a las mujeres más lindas. Pero esta mujer frente a él tiene un no sabe qué, algo que lo atrae, como una belleza exótica, esa que nadie ha sabido apreciar jamás. Aquella lucha interna sobre sus raíces, sus deberes, la herencia cultural de su padre y todo lo que quiere hacerle se va al garete. Agradece que no tenga todo eso tan inmerso y también el hecho de que el avión tenga bandera estadounidense, porque de otra manera se metería en más problemas que los de una prueba de cálculo. Khalid siente cómo su sangre arde porque esa mujer es demasiado receptiva, tal vez por eso se deja llevar sin pensar en nada más. Para Olivia las sensaciones que su cuerpo está recibiendo son demasiado abrumadoras como para callarse y un jadeo se le escapa de sus labios. Quiere cubrirse, su cuerpo le avergüenza más de lo que debiera y esa es la razón por la que nunca se mostró con poca ropa ante nadie, pero por más que luche, simplemente no puede hacerlo. Una mano de Khalid pasa por debajo de su cuerpo y con destreza se deshace del brasier, ella en verdad quiere irse, porque eso no es correcto, no lo conoce y mucho menos está en sus cinco sentidos, pero es como si su cuerpo tuviera voluntad propia, porque no oye nada de lo que su cerebro dice. —Eres realmente hermosa —la voz ronca en su oído la estremece más y Khalid le quita la braga—. Verás que te haré disfrutar como nunca lo has hecho. Y de eso Olivia está muy segura, sobre todo porque es la primera vez que está con un hombre… y Khalid se da cuenta de aquello cuando se introduce en la chica de una estocada, arrancándole un grito de dolor. —¡Mi3rda! Sabe que debe parar, que no debería continuar, pero por alguna extraña razón saber que es el primero, lo descoloca por completo y desata aquello que no quería ser con ella. Sólo le limpia las lágrimas, cubre su boca con un beso y luego de eso ya todo queda de lado. Los dos se dejan llevar, se entregan mutuamente y lo que sigue a continuación, pues ya se lo imaginan. Para cuando los ojos de Olivia se abren nuevamente, siente un dolor agudo en su intimidad, mira a un lado y se queda helada viendo a Khalid durmiendo tranquilo a su lado. —No puede ser… —susurra saliendo de la cama rápidamente—. ¡No fue un sueño ni nada parecido! ¡Lo hice con un desconocido! Se lleva las manos a la cabeza, mira a todos lados y recoge su ropa antes de meterse al baño, en donde se da una ducha rápida sin mojarse el cabello, sale con cuidado y corre a la salida cuando ve que está dormido. Se fija en que nadie la vea, aunque la mayoría de los pasajeros permanecen dormidos. Toma asiento en su lugar, toma el papeleo pendiente y se esconde en su trabajo para no pensar en lo que acaba de hacer. Un par de horas después anuncian el aterrizaje, guarda todo y cierra los ojos pensando en las consecuencias de lo que ha hecho. Cuando el avión se detiene en la pista, les piden a los pasajeros que esperen unos minutos antes de salir. Khalid sale primero, pero antes de dejar la nave, mira a todos lados para ver si consigue a la mujer que se metió en su habitación privada, pero nada. En el instante en que los dejan salir, Olivia se queda clavada en su asiento esperando a que todos se bajen, lo último que desea es encontrarse con el hombre, se muere de vergüenza verlo a la cara con la luz de día, tal vez él también estaba algo alcoholizado y creyó que se acostó con una super modelo, cuando ella no es nada de eso. La asistente de vuelo se acerca a ella y le dice que debe bajar ya que es la última, así que respira aliviada, toma sus cosas y sale del avión. Mira a todos lados en el aeropuerto, algo exaltada, cuando no lo ve por ninguna parte, se relaja y se dispone a hacer lo que debe. En ese punto se vuelve dueña de sí misma, dejando de lado el dolor de cabeza que tiene y toma el control de lo que debe hacer en la ciudad. Para Khalid no es nada acogedor el regreso al hogar que dejó cuando tenía ocho años, debe ser precisamente por eso que la gente de su padre no lo ve con respeto, como lo hacen con su hermano menor. Pero eso ahora mismo no le importa, está allí para complacer a su padre. A su mente viene aquella mujer que lo dejó completamente embobado, el sólo recordar aquello que le hizo lo descontrola, pero evita cualquier expresión que no sea la de molestia. Se va directo a la empresa de la cual su padre quiere que se haga cargo, sin imaginarse que cuando llega, lo espera el secretario real de su padre con la ropa adecuada para que se cambie. Sólo quiere protestar, pero no le queda más remedio que aceptarla. Al salir de su baño privado, el secretario le dice. —Su cita de las tres ya está aquí. —¿No puede atenderla mi padre? —no quiere decir que le duele la cabeza por beber de más el día anterior o lo regañarán. —Su Alteza no quiere perder tiempo para que se ponga al día con el manejo de este nuevo proyecto, príncipe Khalid. —Si no queda de otra… dime dónde será la reunión. El secretario real lo guía por los pasillos de la empresa y le abre la puerta en donde hay una larga mesa con ejecutivos que esperan de pie y le hacen una reverencia, excepto por una mujer a la que Khalid reconoce de inmediato a pesar de ir con un delicado hiyab. Olivia se lo queda viendo con los ojos a punto de escapar de sus cuencas mientras Khalid se acerca a ella. —Señorita Grant, le presento a Su Alteza el Príncipe Khalid Al-Hamidi, el nuevo presidente de Urban Elegance. —S-Su Alteza… es un gusto conocerlo… —le dice ella sin poder creer su mala suerte, pero Khalid no se lo toma muy bien, por su mente pasan varias hipótesis y se queda con la peor, tal como la experiencia le ha enseñado. —Para mí no —dice con voz fría y ella se sonroja nerviosa por todas las miradas que la rodean. Khalid se voltea para ver al secretario real y le dice caminando a la salida—. No haré negocios con ella. —Su Alteza, la señorita viene para cerrar a nombre de una empresa americana y… —¡Y yo no haré tratos con una mujer! ¡Menos con una como ella! —mira a todos los presentes con seriedad, con un gesto los saca a todos de la sala y cuando la puerta se cierra, posa sus ojos en Olivia—. Puede irse de regreso a su país, señorita Grant, y dígale a su superior que yo no me acuesto con mujeres a cambio de contratos. —¡P-pero…! —¡Váyase! —le dice acercándose de manera peligrosa, dedicándole ahora una mirada de absoluto desprecio—. Y espero por su bien que nunca nadie se entere de lo que ocurrió en el avión entre usted y yo, porque si yo tengo que pagar las consecuencias de su plan sucio, lo único que querrá es desaparecer del planeta para no sentir mi ira. Khalid abre la puerta y se marcha, dejándola con el cuerpo temblando. No sólo tiene que volver a casa con el recuerdo de una noche que no debió suceder, sino que tendrá que asumir las consecuencias de lo que perdió por no irse cuando su mente le dijo que lo hiciera.
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