La fiesta de la moda está en su punto más álgido, y Olivia se siente como si todo estuviera girando a su alrededor. Los flashes, las miradas de admiración y las palabras elogiosas de la prensa resuenan en su mente, pero no logra olvidar la sensación de que algo no está bien. No sabe qué es exactamente, pero es como si una sombra estuviera acechando su éxito, algo que la distrae, que no puede quitarse de encima. En ese momento, no es el trabajo lo que la inquieta, sino la figura de un hombre que la persigue en silencio, aunque ella nunca le haya dado permiso para hacerlo. Arthur, consciente de su incomodidad, rodea con sus brazos a Olivia, intentando darle el apoyo necesario en medio de tanta atención. Es un gesto sencillo, pero eficaz, una señal de que está ahí, siempre firme a su lado.

