Capítulo 11. “Generales”

2517 Palabras
“En el juego del dinero, todos son clientes;” ese es la ideología que todo empresario, vendedor y director siguen para lograr éxito y poder, pero Nicola no solo quería poder, él lo quería todo y para lograrlo, no le importaba quien eran sus clientes y eso era algo, que Elizabeth no podía permitir Mientras Elizabeth iba en camino a la oficina de Nicola donde estaban los generales, estos ya de por si comenzaron su reunión, una reunión mortal y a la vez voraz. —    Nos sorprende su falta de respeto señor Nicola. — dice el general 1. —    Es cierto, por teléfono habíamos quedado, que yo sería su único cliente. — dice el general 2. —    Ja, conmigo fue igual, pensé que era un hombre de palabra, mesie Nicola, pero, al final esta reunión se convirtió en una subasta. — dice el general 3. Nicola al escuchar las quejas de sus clientes, comienza a reír levemente, como si le hiciera gracia lo que decían. —    Haha, señores, sé que a cada uno les prometí que les vendería el ojo rojo, pero, pensé que reunir a unos cuantos terroristas, generales de organizaciones criminales, podría ser divertido. — dice Nicola con dicha. Los generales se indignaron y sin duda demostraron su rabia, —    ¡ ¿divertido?! — dice el general 4 al golpear la mesa. —    Usted me prometió que me vendería el ojo rojo por un precio. — repica el general 1. —    ¿a usted? A mí me venderá el ojo rojo. — recalca el general 2. —    Tenemos un convenio, el ojo rojo me pertenece. — dice el general 4. —    Señores, creo que eso no depende de nosotros, ¿verdad señor Nicola? — dice el general 3. Nicola toma una botella de ron y comienza a servirle a todos los generales de la reunión, dando su pequeño discurso. —    Caballeros, cuando estaba en Siberia yo solo tenía ocho años, amaba a mis padres y soñaba  ser doctor, era buen niño y nunca me metía en problemas, pero un día, mi madre murió por culpa de un accidente automovilístico, mi padre perdió la razón y termino odiándome, ya que era una decepción para él, un día se emborracho tanto que perdió la cordura y usando solo una hacha de madera, él me amputo el brazo izquierdo, la policía llego de inmediato y lo arrestaron; yo estaba desangrándome, estaba al borde de la muerte, pero, de milagro logré resistir, hasta llegar al hospital  donde me dieron una prótesis robótica, para remplazar mi brazo cercenado; después de eso, pase por muchos orfanatorios, hasta que un hombre muy rico me adopto, y me enseñó a sobrevivir… mi padre, fue enviado a una cárcel rusa muy horrible conocido como “GULAG” donde enloqueció y se suicidó, sus últimas palabras fueron “los niños no pueden con los adultos” una palabra propia para un loco ¿no lo creen?... — dice Nicola al terminar de servir todos los tragos de los generales. —    ¿y eso que tiene que ver? — dice el general 3. —    Si… solo quiero mi ojo rojo. — dice el general 1. —    ¿tu ojo rojo?, aun no te adelantes. — dice el general 4 al general 1. Los genérales, no iban de visita, ellos querían el ojo rojo y estaban desesperados por conseguirlo, Nicola era un gran estafador; les prometió a cada general que les vendería el ojo rojo, que elizabeth estaba desarrollando, pero, eso solo era una trampa para reunirlos a todos y obligarlos a darle más dinero. Los generales estaban muy molestos con Nicola por su forma de engaño, pero aun así, no perderían la oportunidad de obtener  la última arma que se estaba desarrollando en las manos de la señorita elizabeth croff. —    ¿Cuánto quieres en realidad señor Nicola? — pregunta el general 2. Nicola al escuchar esa pregunta, nuevamente regresa a su asiento y entrelaza sus manos para responder. —    Me alegra que lo pregunte general Micolta. —  dice Nicola con una simpática sonrisa. —    En verdad eres un desgraciado, eh Nicola. — dice el general 3. —    Yo creo que, no; Es inteligente, pero sin duda, también es un farsante y un desgraciado. — dice el general al limpiar sus lentes. —    ¿Por qué lo dice general Heisenberg? Mi trabajo es vender al mejor postor, ustedes son cuatro y yo solo poseo un solo “ojo” si lo quieren comprar el “EYERED”, entonces más vale que estén dispuestos a desembolsar más dinero. — dice Nicola al cruzar sus piernas y ponerlas sobre la mesa Los generales en su cabeza solo pensaban en tomar sus armas y matar a Nicola, pero no podían, él los tenía en la palma de su mano, el ojo rojo era el máximo poder analítico de la inteligencia, quien pudiera obtener el “EYERED”, podría acceder a cualquier sistema, cualquier computadora, a cualquier nación, los generales necesitaban el ojo rojo para sus misiones, ya sean con buenas intenciones o muy malas intenciones. —    ¿Cuánto quieres Nicola? — pregunta el general 4. —    Bueno, aunque parezca que soy introvertido, me gusta ser un poco amable, así que, empecemos por una cifra pequeña, ¿Qué tal el doble de lo que habíamos acordado? — dice Nicola. Los generales se exaltan ante esa propuesta. —    Inaudito. —    Ridículo. —    ¿está loco? —    Estafador. La cifra que Nicola había acordado con cada general, era que el ojo rojo, al menos el prototipo, costaba cuatrocientos millones de dólares, algo de esperar ante una pieza tecnológica bastante útil. —    Cuatrocientos millones era la cifra que usted y yo acordamos. — recalca el general 2. —    Conmigo fui igual, pagar ochocientos millones es ridículo, sobre todo ya que su científica aun ni siquiera lo ha terminado. — dice el general 3. —    Ustedes vieron los esquemas caballeros, vieron muy bien lo que sería el prototipo terminado, yo no les ofrecí el prototipo, solo les envié a cada uno la información, por si alguno le interesaba adquirirlo cuando esté terminado. — dice Nicola sin importarle las quejas. —    No estamos dispuestos a pagar por algo que aún no sabemos si tendrá éxito. — recalca el general 1. —    ¿enserio? Ja, no me haga reír, talvez ustedes no lo recuerdan, pero el proyecto se lo encomendé a mi trabajadora favorita, la señorita elizabeth croff, la hija mayor del afamado científico Joseph croff, pero, si no confían en mí y solo quieren hacerme perder el tiempo, retírense y olviden mi número, ya que hay muchas personas que si están interesadas en ocupar sus asientos,  — dice Nicola molesto. Los generales querían el ojo rojo y aunque no les gustaba la idea de dar más dinero a Nicola por su mero capricho, ellos no iban a retirarse fácilmente. —    Doy 850 millones. — dice el general 1. —    Yo doy mil millones de dólares. — grita el general 3. —    Ofrezco mil doscientos millones de dólares. — dice el general 2. —    Yo ofrezco mil ochocientos millones de dólares — grita el general 4. —    Pues yo ofrezco, dos mil millones y también ofrezco terrenos vírgenes de Alemania. — dice el general 1. Nicola solo se quedaba callado, pero, en su mente él se regocijaba en la desesperación de esos clientes. —    Muy, muy bien, veo que ya están entendiendo, pero… solo pocos podrán pagarlo, así que aumentare la cifra por cinco mil millones. —    ¡Hijo de perra! — grita el general 3 —    Ya no aguantaremos tus caprichos. — dice el general 2. —    Se acabo, mejor te asesinamos y uno de nosotros te remplazara. — dice el general 4. —    Siéntense o moriremos. — dice el general 1, siendo ignorado. Todos lo generales se molestan y solo tres de ellos, se levantan de sus asientos para tomar sus armas y matar a Nicola. —    Estas muerto…  Pero rápidamente son detenidos por robots de combate que estaban escondidos en la sala de la oficina de Nicola, para prevenir ese tipo de altercados. Los robots de combate rápidamente atacan a los tres generales que intentaron pasarse de listos y con una agilidad y ferocidad, los robots, que protegían a Nicola todo el tiempo, someten a los agresores. —    Es una pena señores, creía que ustedes eran más maduros, pero al final son simples animales comparados con mis robots, pero bueno, fue un placer conocerlos, ¿últimas palabras? — dice Nicola al levantarse de su asiento. —    Agg, ¿Qué crees que haces? el pacto de SILAS le da la orden a un robot de matar humanos si son considerados un peligro, ¿no puedes pensar que tus juguetes nos mataran? No digas estupideces aun no diré mis ultimas palabras, … — dice uno de los generales retenidos y sometidos por los robots de Nicola. Nicola al escuchar eso, con una felicidad de un desquiciado, sonríe y responde a esa patética deducción. —     Y lo hicieron, tomaron sus armas, ya eso es considerado como amenazas, ¿verdad robots? — dice Nicola con una despreciable sonrisa.   —     SI SEÑOR, SEGÚN LOS PARÁMETROS DE MI PROGRAMACIÓN MAS LAS NUEVAS LEYES DEL CÓDIGO DE DEFENSA APROBADO POR MAS DE 87 PAÍSES, EL CÓDIGO DENOMINADO “SILAS” NOS DA EL PODER DE PROCESAR, JUZGAR Y EJECUTAR A CUALQUIER AMENAZA DE HUMANOS A OTROS HUMANOS. — dice uno de los robots de Nicola.   Los Robots de Nicola solo necesitaban una simple autorización de su amo, el cual era obvio lo que iba a decir. —    ¿QUE DESEA QUE HAGAMOS CON LOS AGRESORES, SEÑOR? —    Ellos me apuntaron con sus armas ¿no es así? Eso es considerado una amenaza, ¿verdad? — dice Nicola. —    SI AMO, ESTA ENTRE LOS PARÁMETROS DEL NUEVO PROGRAMA DE “SILAS”, PERO AUN ASÍ LOS AGRESORES NO DISPARARON, POR ESA RAZÓN LA MUERTE NO ES UN CASTIGO JUSTIFICADO SEÑOR. — responde uno de los robots de Nicola. —    Es necesario para todos, ejecútenlos y lleven los c*******s con mis guardias humanos, para que se deshagan de los cuerpos, confirmen comando.  — ordena Nicola con frialdad. —    SI SEÑOR. —    COMO ORDENE SEÑOR. —    COMANDO CONFIRMADO. Los robots de Nicola ignorando por completo las leyes de la robótica gracias a la nueva ley del pacto de SILAS, con crueldad y maldad, ahorcan a los débiles generales, como si fueran animales, matándolos lentamente de forma cruel. Cuando los patéticos y débiles humanos fueron asfixiados por los poderosos e indestructibles robots de combate “WAR” Nicola simplemente les pidió que se desasieran de los cuerpos dejando solo al único general, que no se atrevió a tomar su arma. El general de las fuerzas especiales alemanas el generar Heisenberg, un general que deserto y se convirtió en un gran empresario, pero también en un gran criminal. —    Lamento que viera eso señor Heisenberg. — dice Nicola al regresar a su asiento, —    Tienes buenos robots, señor Volcof, es una pena que usted no tenía intenciones de vendernos el proyecto del ojo rojo, ¿verdad? — dice el general hisenberg al tomar un poco de agua. —    Es cierto, señor Heisenberg, desde que supe lo que puede hacer el proyectó de “eye-red” me intrigué, ya que ese ojo rojo, podría ser muy útil para Cyberwor. —  responde Nicola al organizarse su precioso peinado. —    ¿entonces para que nos molestamos en venir?... ¿para morir? — dice el general Heisenberg al mirar al techo, donde había un robot de combate listo para atacarlo. —    Ha, lo dice por ese robot, ¿verdad señor?, no se preocupe, al igual que los demás, ese robot solo actuaria si usted se ponía violento, pero no lo hizo, lo cual me da la excusa perfecta para confiar en usted. — dice Nicola con franqueza. —    Ja, ya veo, solo nos llamó para saber quién sería el más tranquilo. — dice el general Heisenberg con sarcasmo. —    En efecto, sabía que algunos de ustedes eran propensos a la violencia, pero… no me gusta trabajar con ese tipo de personas, las personas más aclamadas son las más inteligentes, y usted, señor Heisenberg, fue inteligente, ¿sabe que significa? — responde Nicola. —    ¿Qué me dará una rebaja para comprar el ojo rojo? — responde el general Heisenberg con sarcasmo. —    No… hahaha, no, lo lamento, por ahora yo me quedare con ese proyecto, pero… si veo que el proyecto no es lo que yo esperaba, se lo daré como un obsequio. — responde Nicola con una sonrisa muy malévola. —    ¿enserio?... ¿Cuál serian esos motivos, señor volcof? — responde el general confundido. —    Nah, mis métodos son complicados, pero, en resumen, si veo que el proyecto del ojo rojo no es muy útil que digamos para mi pequeño propósito, entonces se lo daré gratis y no se preocupe, nunca le regalo a mis amigos juguetes defectuosos. — dice Nicola al dar su mano. —    Bueno, supongo que tendré que confiar en usted… — dice el general Heisenberg al estrechar la mano de Nicola. —    Si, no se preocupe… mi bella asistente, catrina lo acompañara a la salida, puede pedirle lo que sea, ella se encargara de complacerlo en todo sentido, para compensarle por estos malentendidos, una limosina lo estará esperando para llevarlo al mejor hotel de la ciudad, allí encontrara algunos códigos bancarios, algo de dinero para que pueda irse con las manos llenas. — dice Nicola con una sonrisa. —    ¿por qué tanta hospitalidad? — pregunta Heisenberg. —    Amigo, no te llamé solo para que vieras como moría gente, tendrás dinero, algunas armas y una hermosa asistente rusa que hará lo que sea para que su estadía sea conforme. — dice Nicola al giñar su ojo. —    ¿lo que sea?... bueno, no puedo rechazar ese tipo de propuestas, espero volver avernos señor Nicola. — dice el general Heisenberg al irse con una sonrisa, pero sin sospechar, que él también seria asesinado por esa hermosa asistente. Nicola sabía que no podía confiar en nadie y dejar cabos sueltos no era opción, pero claro, debía ser más inteligente, si quería cumplir su “pequeño” propósito, no podía confiar en otros criminales, tampoco en generales, mucho menos en Heisenberg, un estratega alemán inteligente, líder de una organización criminal y para Nicola, una amenaza de la cual debía librarse para tener el camino libre, a la conquista del mundo. De repente elizabeth llega a la oficina de Nicola sin sospechar lo que sucedió. —    Bienvenida señorita elizabeth. — dice Nicola con serenidad. —    Nicola… ¿Dónde están los generales? — pregunta elizabeth. —    No te preocupes, al final, no estaban interesados en nosotros, al menos uno de esos generales se ira de vacacione permanentes, después de divertirse con una belleza rusa. — responde Nicola al sonreír. Elizabeth no sabía nada, de lo que había sucedido, pero, en el fondo sabía que esa sonrisa, la sonrisa de Nicola, solo significaba una cosa, la muerte de todos. ¿Qué hiciste? — dice elizabeth.   
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR