El móvil vibró sobre la mesa. Valeria lo miró. No de inmediato. Como si el simple gesto de alargar la mano implicara abrir algo que todavía quería mantener en pausa. Laura estaba en la cocina, de espaldas, removiendo el té que ya no necesitaba ser removido. Fingiendo no mirar. Respetando. El móvil volvió a vibrar. Nombre en pantalla. Adrián. Valeria exhaló despacio. Lo cogió. No contestó. Solo miró. Un segundo. Dos. El teléfono dejó de sonar. Silencio. Y entonces… mensaje. “¿Dónde estás?” Directo. Sin saludo. Sin rodeos. Valeria tragó saliva. Sus dedos se quedaron suspendidos sobre la pantalla, dudando… no sobre qué responder, sino sobre si debía hacerlo. No escribió. Dejó el móvil sobre la mesa. Pero no pasó ni un minuto. Vibración otra vez. “Valeria.” Otro.

