Capítulo 1
Cuando conocí a Adrián en el instituto pensé que no podía existir una persona más guapa e inteligente que él. Fue tanto así que siempre buscaba la manera de coincidir, de que estuviéramos cerca. Aunque me sacaba un par de años, era amigo de mi hermano mayor y yo aprovechaba esa situación para que, al menos, me viera.
El día de su graduación fui a ver a mi hermano… pero también fui a verlo a él. Lo que ocurrió después de la entrega de premios me persigue hasta el día de hoy.
Llevaba un vestido azul, me habían maquillado mis amigas y tenía los nervios a flor de piel. Pensaba que, con tantas chicas guapas que había en su clase y con los rumores de que salía con una tal Alba Marrero, jamás… jamás se fijaría en mí.
No te imaginas la alegría que sentí cuando noté una mano tomar la mía de forma distraída. Alcé la mirada y vi sus ojos clavados en los míos.
Le pidió permiso a mis padres para que nos ausentáramos un momento y, claro, como era casi de la familia —por la amistad tan íntima que tenía con mi hermano—, le dijeron que sí. ¿Te imaginas lo que fue para mí saber que tendría cinco minutos a solas con él… y que mis padres le habían dado el permiso?
Pero aquello no fue nada comparado con lo que ocurrió después.
Nos fuimos detrás del gimnasio y, sin mediar palabra, me besó.
Aún recuerdo nuestros labios juntos, mi inexperiencia mezclada entre asombro y felicidad, haciéndome sentir la persona más especial del mundo. No sé cuánto duró. Quizá fueron segundos… pero para mí el mundo se detuvo durante horas.
Cuando se separó, sus palabras se clavaron en mi corazón.
—Sabes que debo marcharme después del verano para la universidad. Por favor, Valeria… elige la misma. No sé si podré soportar todo un año sin saber de ti.
Sus palabras eran firmes, dominantes. No entendía muy bien qué estaba sucediendo, solo sabía que mi corazón gritaba que sí.
Sabía que deseaba estudiar arquitectura. Sabía que él iría hacia ingeniería. Pero no imaginaba que nuestros sueños, tan parecidos, fueran tan importantes para él.
—Adrián… ¿qué ocurre? ¿Por qué este beso? ¿Por qué quieres que vaya a tu universidad?
—¿En serio no lo entiendes? Sé que no soy muy expresivo, pero… ¿no te has dado cuenta de que me gustas mucho?
Debió notar cómo me sonrojaba, porque apartó un mechón rebelde de mi rostro y añadió:
—Sé que aún tienes dos años para pensarlo. Si quieres, podemos ser novios. Te prometo que te esperaré, pero necesito saber que tú sientes lo mismo antes de marcharme.
En ese momento apareció mi hermano Tomás con una sonrisa ladeada. Mi sorpresa fue aún mayor cuando dijo:
—¿Ya le has pedido salir? Ya era hora, hermano.
Sin pensarlo, las palabras escaparon de mi boca.
—¿Tú sabías esto y no me habías dicho nada?
—Claro que lo sabía, Valeria. Llevo viéndoos babear el uno por el otro desde que empezasteis la secundaria. Creo, hermanita, que la única que no se había enterado eras tú.
No sabía si enfadarme con él o abrazarlo por no sentirse traicionado porque su amigo le hubiera pedido salir a su hermana pequeña.
—Vamos —dijo—. Mamá se está preocupando y tampoco es plan que vuestro romance empiece con el pie izquierdo en la familia.
Nos fuimos de la mano. No voy a mentir: mis padres no lo tomaron demasiado bien al principio.
Pasamos aquel verano juntos, como si nada pudiera separarnos. Adrián estaba en casa a todas horas y parecíamos los tres mosqueteros. La verdad… en ese momento nada más importaba.
Mi madre intentó muchas veces persuadirme de que me lo tomara con calma. No solo porque era mi primer noviazgo, sino porque ella sabía lo que Adrián significaba para mí desde hacía mucho tiempo.
A mi madre no podía ocultarle nada. La primera vez que me vio con esa expresión perdida —esa que aparece cuando alguien habla y tú solo te hundes en sus ojos—, me dijo que esos sentimientos eran hermosos… pero también peligrosos.
Muchas mañanas de aquel verano, antes de que despertara Tomás o llegara Adrián, me acercaba una taza de café con leche y repetía las mismas palabras:
—¿Eres consciente, Valeria, de que ahora es verano y él está aquí contigo… pero deberá marcharse a la universidad?
—Sí, mamá. Lo sé. No entiendo por qué siempre tienes que recordármelo como si fuera un problema.
Ella respiraba hondo antes de continuar, como si aquella conversación la hubiera repetido mil veces.
—Te lo digo porque, aunque sus sentimientos parezcan sinceros, la distancia mata al amor… y más a un amor que apenas está creciendo. Allí tendrá tentaciones. Es joven, inexperto… y no quiero que salgas lastimada.
Yo solía restarle importancia, convencida de que exageraba. Si Adrián hubiera querido otra cosa, jamás me habría pedido que fuera su novia. Yo nunca le insinué nada… aunque, según Tomás, mi cara era más que evidente.
Los días pasaron y el verano llegó a su fin.
No quería que se fuera. Él me dijo mil veces —en persona y por mensajes— que, si se lo pedía, abandonaría todo para quedarse conmigo.
Fue difícil dejarlo marchar. Pero debía hacerlo si quería que nuestro futuro no naciera marcado por un sacrificio.
Nunca olvidaré cuando llegó en el coche de su padre, con todas sus cosas empaquetadas, rogándome que lo detuviera. Me rompió el alma decirle que, si de verdad quería estar conmigo, debía pensar en nuestro futuro… y esperar. Le prometí que yo también iría a estudiar allí.
Creo que aquello sorprendió mucho a mi madre, porque jamás imaginó que elegiría una universidad tan exigente. Pero me apoyó en silencio.
Tomás, que también se marchaba para estudiar medicina, nos observaba como si presenciara una película de terror romántico.
Desde el coche de mi padre nos dijo que en Navidad nos veríamos y que dejáramos de sentimentalismos. Supongo que aquello le dio el valor a Adrián para besarme delante de todos.
Su padre nos miró como si no creyera lo que estaba viendo. El mío… bueno, mi padre no sabía si llamarlo hijo o dejarme viuda antes de casarme. Pero carraspeó al ver mi cara llena de lágrimas y decidió guardar silencio.
Nos despedimos.
Mi madre y yo nos quedamos mirando la calle mientras ambos coches se alejaban hacia la nueva aventura de sus vidas.
Y yo… yo ya sabía que Adrián sería mi destino para siempre.