La sala de reuniones estaba llena. No de ruido, sino de expectativas. Proveedores, un representante del grupo financiero, dos técnicos externos. Pantallas encendidas. Planos proyectados. Café que ya se enfriaba en las tazas. Gabriel tomó asiento sin ocupar el centro. Valeria sí. No por imposición. Por lógica. Se puso de pie frente a la pantalla y comenzó a explicar el concepto final del espacio. —El acceso no es solo una entrada —dijo con voz firme—. Es una declaración. Si reducimos la altura del techo aquí, comprimimos al visitante antes de liberarlo en la zona central. Esa transición crea impacto. No dudó. No buscó aprobación. Hablaba como quien sabe. Un proveedor levantó la mano. —Arquitecta, entiendo el efecto, pero ¿no cree que es demasiado arriesgado? Podría generar sens

