No sabíamos ni que había sucedido en la ciudad, no vimos noticias ni sabíamos cómo había reaccionado la gente, es que no teníamos cabeza para nada en ese momento, no podíamos pensar en otra cosa, en que ya había salido el sol y no había rastros de esos dos. No sabíamos qué hacer, si salir a buscarlos directamente, llamar a hospitales o qué hacer, pero cuando estábamos a punto de salir, los vimos entrar y juro que sentí que me volvió el alma al cuerpo. Abracé a mi hermano, luego a Adrián, todos lo hicieron también y notamos que estaban un poco sucios y agitados. -¿Qué sucedió?-Preguntó Emanuel. -El motor de mierda se fundió, justo a unos metros de un lugar en que acabábamos de dar de baja a cuatro de esos tipos. Nos tocó huir, a pie, pero afortunadamente fue en el último lugar, alcanzamo

