CAPÍTULO 40 —Un purasangre y una mestiza —repite él, como si estuviese meditando con detenimiento entre las palabras, acariciando ahora a Julieta, que relincha con vigor al verle. —Así mismo sucede en la vida real —reflexiono, pensando en qué yo vendría siendo la mestiza del cuento—. Y ahora Romeo ha arruinado su línea sanguínea por estar jugando al enamorado. Si tan sólo hubiese elegido mejor… —Eso no importa en lo absoluto. Cuando el amor existe, no existen clases sociales, ni fuerza humana que se interponga en el medio. Evidencia de ello son Romeo y Julieta. Yo no soy creyente del amor romántico, Olivia, nunca lo he sido. —Me cuenta, prosiguiendo a sacar a Romeo que relincha, para ponerle las riendas—. De lo que si soy creyente, es que cuando dos personas están destinadas a estar jun

