43

2439 Palabras

CAPÍTULO 43 «Te quiero, señorita Santiago». Murmulla, para darme un tierno beso en la nariz y me suelta, como si despegarse de mí ha sido una gran hazaña que le ha costado en sobremanera. No lo entiendo, quisiera tener el súper poder de leer su mente o ser adivina para qué pasa en su cabeza ocupada, ¿Quién le ha llamado por teléfono y ha provocado que sus ánimos decaigan cómo si hubiesen caído de un último piso? Su abrazo fue como si hubiese sido indispensable para él poder tomar una bocanada de aire fresco. «Me quiere» ha dicho, y le creo. Me deja helada con los pies pegados al suelo como si tuvieran una pega especial. Quiero responderle que yo también lo hago, pero hay algo que me detiene. No sé si será el espasmo, el no saber qué ocurre en su ocupada cabeza o no querer alejarme de él.

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