Hay un momento en la vida en el que debemos ser maduros y decidir con la cabeza, este debería ser mi momento pero os aseguro que no, no es el momento en el que me pueda permitir ser madura, aun puedo jugar a las casitas y ser una niña y me voy a agarrar a eso hasta que me queme.
Soy una idiota, es algo que no puedo negar ni ocultar. Finn era mi mejor amigo, parte de mi jamás dejara de amarlo, marco mi vida de tal forma que no creo que llegue nadie que pueda superarle. Puedo enamorarme, y aún así creo que el amor que le tengo a Finn será mayor al que pueda tener a una pareja, no se la razón, no la sé pero es como siempre me he sentido, atada a él de una forma a la que nunca me ate a nadie, porque es algo que mi abuela siempre me decía, “La familia es una imposición, y no por compartir sangre debes amarles pero los amigos son a los que eliges y les amas por naturaleza” es algo que siempre he tenido claro.
Siempre tuve problemas con la gente, la única cosa estable en mi vida era Finn, era lo único que estaba segura que quería y me hacía bien, lo demás eran dudas y ahora es lo único que me da dudas.
Finn me miro con intensidad, creo que esperaba que dijera algo, que hiciera algo pero estaba sin palabras, que quisiera ser mi amigo de nuevo, comenzar otra vez era algo que me gustaba y odiaba por partes iguales. Siempre he querido a Finn, es como mi hermano, es esa persona a la que acudía cuando peor me iban las cosas pero nada es tan sencillo. Estaba demasiado enfadada, me odiaba a mi misma por lo que estaba haciendo, me había acercado con engaños, eso no quita el hecho de que mis sentimientos sean verdaderos pero si los complica.
—Alice—me llamo Finn—Espero una respuesta—comento, le miré—Has empezado una conversación, no la dejes a medias—añadió.
No iba responder, mi cabeza en estos momentos no encontraba ni las palabras ni la valentía para decir lo que quería o lo que debía, no eran lo mismo. Por ello, me limité a abrazarle.
—Wow—comentó él incluso antes de seguirme el abrazo, siempre tenía que comentarlo todo, no podía simplemente hacer las cosas pero me siguió el abrazo, me abrazo fuerte entre sus brazos, haciéndome sentir que quizás todo iba a estar bien pero nada iba a estar bien.
Llamadme negativa o lo que queráis pero nada va estar bien en esta vida con mis padres en medio.
—Gracias—fue lo único que me salió.
En mis peores momentos, Finn siempre estuvo en mi vida, era esa persona a la que acudir cuando todo se destruía, no porque lo reconstruyera sino porque se sentaban a tu lado y te daba tiempo, cuando estabas preparada era quien te ayudaba en lo que fuera, él siempre estuvo para mi, siempre y yo lo dejé solo cuando me necesitaba, cuando nos necesitábamos.
—¿Por?—me pregunto sorprendido.
—Por darme otra oportunidad—comente.
Finn me miro.
—No te lo voy a poner fácil, esa fachada de niña buena no me gusta, quiero a la Alice loca que me ayudaba a volver loco a mi hermano—comento.
Le miré.
—¿Que?—le pregunte sorprendida.
—Antes me hubiera servido con una amistad a escondidas, a medias pero ahora es todo o nada—aviso.
Le miré sorprendida, sin saber que decir o que hacer. Las cosas no eran tan sencillas, el odio y la competitividad de nuestras familias era algo demasiado grande, no solo porque mi padre fuera capaz de venderme si con eso destruía a los Silva sino porque sabía que el señor Silva sería capaz de hacer lo mismo, pero Finn no, él jamás haría algo que sus padres le obligaran por lo que yo era la mala de la historia. Pero que yo hiciera esto con obligación de mis padres, no hacía más fácil el tener la relación que teníamos antes.
—Finn las cosas no son tan sencillas—me queje.
Finn se separó de mí y se levantó.
—¿Soy el único que está cansado de que le controlen?—me pregunto.
Le miré sorprendida.
Era verdad que por mucho que nuestras familias se odiaran tenían muchas cosas en común, su necesidad controlador y obsesiva era una, por eso nuestros padres eran tan amigos y enemigos al mismo tiempo, eran iguales a nivel de querer controlar todo a su forma sin ver que los demás también tenían ideas buenas, para ellos, solo lo de ellos valían.
—Finn—le llame sorprendida.
El chico me miro sorprendido.
—Responde, deja de evitar las cosas—me ordeno.
Le miré sorprendida.
—Si, estoy cansada pero te recuerdo que somos menores de edad y al menos yo, dependo de ellos en muchos sentidos—le comenté.
Finn me miro, se sentó enfrente mia y me miro.
—Eso no importa—me dijo, le miré demasiado sorprendida—Siempre estamos atados a ellos, seamos libres—me dijo.
Reí.
—Creo que llevas dos años siendo libre—aclare.
Me miro.
—Libre si pero sin estar completo—me aviso.
Le miré sorprendida.
—Eres mi mejor amiga, creo que la única que he tenido y podré tener, pueden venir mil personas a mi vida pero dudo que alguna se iguale a ti, eres lo mejor de mi vida, lo eres sin estar en ella y lo eres mucho más estando, me he cansado de las medias tintas, que les den a nuestros padres, controlemos nuestra vida—me dijo.
Le miré sorprendida.
—Ni que los fuéramos a casar y hacer un Romeo y Julieta—bromeé.
Finn me miro.
—Si para tenerte en mi vida es necesario, lo haré—me aclaro.
Le miré.
—Hagámoslo—dije sin pensarlo.
Me iba a arrepentir, tengo claro que las cosas van a salir muy mal o muy bien pero ya estaba perdida por lo menos que valga la pena.