Alrededor de las doce del medio día las llamadas de mis padres eran demasiadas, era imposible seguir escondiéndonos, si querían nos iban a encontrar sin ningún tipo de problema y las consecuencias de escondernos iba sería peor, si las consecuencias de habernos escapado del colegio ya iban a ser demasiado grandes, no me quería imaginar lo que íbamos a pasar por estar juntos y encima evitándoles ¿Alguien lo sabe? Pues no creo que podáis saber lo que sea aguantar a mi querido padre siendo la mayor tortura del mundo.
Nuestros padres eran demasiado iguales por esa razón era que se llevaron tan bien en su momento y por esa razón ahora se llevaban mal. Nuestros padres eran unos señores controladores y algo idiotas, pero había una gran diferencia entre ellos, mi padre era un hombre de masculinidad demasiado frágil como para aceptar que nadie le mande, haciendo que nuestra casa sea una dictadura llevada por él y su cerebro pequeño, no tengo buena relación con mi padre, cabe aclarar, mi padre es una mujer que hace lo que el quiere sin discutir como si no hubiera millones de cosas malas en las cosas que hace o dice pero se ve que solo yo las veo.
En el caso de Finn, es su madre quien manda, es ella quien da todas las ordenes y quien sin miedo hace lo que desee, ya que al ser la que más tiempo esta en casa, es la que mejor conoce la situación. Cosa que ,¡mi padre y su ser auto controladora, no ve.
Como ya he comentado antes, los restaurantes de nuestras familias están enfrente por lo que Finn me acompaño hasta la puerta del de mi padre, le mire.
Finn paso su mano por mi pelo para colocármelo bien.
—Revoluciónate un poco, mi niña buena—comento Finn.
Me gire y le mire.
—Tienes una obsesión con pensar que soy una niña buena—comento.
Me miro.
—Eres una niña buena, nunca has roto un plato—me dijo.
Le empuje un poco para que se separara de mi, y le mire.
—No sabes los platos que he roto—le dije.
Finn se bajo la corbata de la cabeza y me miro.
—Ya se vera—comento, y le mire—Ya sabes que si tu padre es muy duro, mi cama es grande—comento.
Le mire.
—Tienes demasiada confianza en ti—comente.
Me miro.
—Se que me necesitas tanto como yo lo hago—me dijo demasiado cerca de mis labios, esta vez si que nuestra respiración se juntaban.
Traje saliva, en muchas ocasiones había estado cerca de Finn, hemos dormido juntos millones de veces pero siempre le veía como mi hermano como esa parte de mi que era más divertida, pero ahora que hemos estado separados he visto que no somos uno, somos dos partes de un mismo puzzle que encajan juntas, no le necesito para estar completa o feliz, pero le quiero en mi vida para que esta este mejor, Pero ya no se si es amistad, hermandad o cariño, ya no se como tomarme los comentarios de Finn, a los quince años, yo era una tabla de surf pero gracias a la regla he crecido y me han salido las tetas, ahora no se si soy su amiga o alguien con quien jugar, en esta parte de nuestra historia estoy perdida, lo peor es que se que empezamos jodidos, empezamos con mentiras y con segundas intenciones, y eso no esta bien como para encima dejar que cualquier cosa rompa la amistad.
Le mire.
Me sentía nerviosa, no incomoda, sino nerviosa, que era algo bastante diferente, no sabía como reaccionar ni como actuar ante las cosas que él me decía o hacía, al final era lo que mi abuela siempre decía "El ladrón cree que todos son de su condición" muy sabía ella, yo soy mentirosa y siempre voy a creer que todos me mienten, el temor esta pero la realidad puede no ser mi temor, sino otra.
—Adiós—le dije.
Entre al restaurante de mi padre dejando a Finn con la palabra en la boca, era algo que siempre hacía, cuando no sabía como llevar las cosas huía por lo que estaba más que acostumbrado.
—Alice Costa, eres una decepción para esta familia—me grito mi padre.
Mire al frente para ver a mi padre, con cara de enfado, demasiado enfadado estaba.
—Te va salir humo—le comente al ver su cara, ya que se parecía demasiado a los personajes de los dibujos animados estando aquí.
—No respondas—me aviso mi padre.
Le mire.
—Tu me has dicho que me acerque a Finn—le dije.
Mi madre se acerco para interceder como ser de paz.
—Pero que te expulsen un día no creo que sea lo que tu padre quería—comento mi madre.
La mire.
—Es la única forma de acercarme a él—comente.
Mi padre me miro.
—¿Pegándole?—me pregunto mi padre.
Le mire.
—Creo que nunca has prestado atención a como nos relacionamos—comente.
Mi padre me miro demasiado sorprendió, pero era la verdad, si alguien había prestado atención a mi relación con Finn, iba saber que no éramos todo dulzura y amor, creo que éramos lo más lejano a ello, nosotros si nos dábamos amor pero no era de la forma que los demás lo hacían, no nos dábamos abrazos o besos, que en raras ocasiones lo hacíamos pero en su mayoría éramos algo más violentos, y sin tanto amor, que yo le dijera idiota era como decirle que le quiero.
—Tienes suerte de que haya hablado con el colegio, hemos acordado que no te expulsen, que hagáis un castigo después de clase—comento mi padre le mire.
—¿Debo darle las gracias? Porque disculpa mi osadía pero no siento que eso sea algo bueno—comente llevándome una mano al pecho.
Mi padre respiro hondo para mirarme de una forma seria pero llena de paciencia.
—¿Quién va cuidar a Diana y Beatriz?—le pregunte.
Mi padre me miro.
—Tu madre, ahora deja te de tontearías y cuéntame que tal va la cosa con los Silva—me ordeno.
Le mire.
—Bien, solo que vas a tener que sacar tu cara de amargado más a menudo—le dije.
Mi padre me miro sin entender nada, no me importaba que ahora no lo entendiera, lo iba ha hacer con el tiempo, y para ser sincera prefería lidiar con los problemas de uno en uno.