—¿Qué carajos te paso? —mi boca está abierta de par en par mirando a Alessandra, que corre hasta llegar a mis pies. —Alessandra tu... —la alejo un poco y la miro, mi pantalón se siente apretado y duele la erección que está creciendo allí. —Habla, Lorenzo. ¿Qué te pasó? Veo como desliza sus dedos con cuidado por mi mano y revisa las vendas, supongo que mi cara tampoco es del todo agradable y no es para menos, estoy molesto. Luego de la visita de mi adorada tía, las cosas no mejoraron demasiado, pero afortunadamente en los temas laborales siempre encuentro una solución. Sin embargo me quedo en silencio, no porque no tenga nada para decir, sino porque su reacción es tan tierna y dulce que no puedo hacer más que sentirme dichoso por aquello, dejo que me arrastre hasta el baño y con de

