El escritorio está lleno de papeles, todos igual de importantes, todos iguales, llenos de números y de cosas que tengo que firmar, pero para firmar primero debo leer y tengo ganas de todo, menos de leer. No quiero sumergirme en ese m*****o mundo de finanzas y negocios, cuando en casa tengo a una mujer de senos redondos y grandes, que me pone a mil y una pequeña hija que me atormenta cada vez que me mira, porque simplemente quiero quedarme a su lado y protegerla. Y entonces cuando creo que mi día no puede ir peor, la puerta suena. —¡¿Qué?! —Alfonsina levanta una ceja molesta. Esa mujer siempre está molesta conmigo. —Su tío Guido, no viene solo —su mirada, la mirada que siempre me da cuando un extraño o un ser desagradable llega de visita—. Una mujer —entonces es cuando conecto las id

