—Alessandra, respira. —¡Mierdaaaa! —aprieta mi mano y enseguida me pregunto donde diablos tenía tanta fuerza escondida— Duele, Lorenzo, duele mucho —una lágrima se escapa y la limpio. —Necesito que respires mejor o te va a doler peor. —¡No puedo ni pensar! —la escucho tan desesperada que lo único que se me ocurre es acercarme y besar su frente para luego decir algo a su oído. —Mi hermosa —fue lo primero que le dije—, ya casi terminas. Falta muy poco, solo normaliza tu respiración y puja, estoy seguro de que puedes. Sus grandes y hermosos ojos me miran con devoción, otro par de lágrimas que limpio igual que el sudor de su frente. Deposito un beso en sus labios y siento como aprieta mi mano. Un último grito y el doctor anuncia que el parto se a completado. La veo caer rendida en l

