CAPÍTULO 7. Octavo I

3761 Palabras
Caminamos en silencio por el corredor, hasta el momento ninguna de las entrevista a los departamentos de planta baja ha surtido efecto. Dylan golpea la puerta del apartamento 7-b del segundo piso, los segundos pasan y nadie nos atiende, un silencio incomodo se forma en el ambiente, no miro a mi compañero ni el me mira a mí, volvemos a golpear la puerta esta vez un poco más fuerte hasta que escuchamos pasos dentro del departamento -¿Quién demonios es?- se abre la puerta dejando ver una mujer joven de unos 27 años de edad, con un cigarrillo entre sus dedos y con aspecto de no haber ido a dormir. -Detective Carter y Wolf de la policía de la cuidad- como acto relejo los dos mostramos nuestras placas al mismo tiempo. -¿Qué necesita oficial?- fija su mirada en Dylan pretendiendo como que yo no existiera. -No sé si está enterada de los sucesos ocurridos en el apartamento de su vecino al final del pasillo- -Yo estoy enterada de todo cariño- lanza el humo del cigarrillo en mi rostro, ruedo los ojos tratando de no prestar atención mientras sigue con los ojos puestos en mi compañero. -¿No ha notado nada extraño? Alguien entrando o saliendo del departamento, o algo parecido- la mujer arregla su cabello. -De hecho si- vuelve a soltar el humo del cigarrillo en mi rostro y e hago a un lado para no darle una bofetada en la cara a la ridícula- hace unos 5 días dos hombres estaban metiendo una gran alfombra a la casa, no lo reconocí por que no llevaba su sotana, pero cuando iba bajando de vuelta al vestíbulo me saludo, era el padre Mario- trago el nudo que se formó en mi garganta para poder hablar. -Dio que iba con otro hombre, ¿pudo reconocer con quién iba?- -No, pero estoy seguro que no era de por aquí, la ropa que llevaba puesta cuesta al menos dos meses de renta en este lugar- tira la colilla de cigarrillo al suelo. -Muchas gracias por su ayuda señora- -De nada guapo- camino unos pasos hasta la puerta de nuestra escena del crimen y rompo el sello de seguridad de la puerta para entrar al lugar. -¿Crees que el padre Mario haya tenido algo de responsabilidad en esto?- -Puede que haya estado drogada cuando lo vio pero parecía muy segura de lo que decía -llego hasta la sala donde se encontraba la alfombra dispuesta en el suelo del hogar. -Bueno, drogada no es una testigo fiable, lo bueno es que estamos a punto de averiguarlo- sacamos los muebles de sobre la alfombra- si esto es verdad será un gran escándalo- -Ya lo es- me coloco en cuclillas rente a la alfombra y comienzo a levantarla lentamente. Dylan imita mi acción desde el otro lado de la sala y dejamos al descubierto un escalofriante secreto que estuvo escrito con sangre de la víctima bajo nuestros pies todo este tiempo. “…por mí se va al eterno dolor…” -Creo que después de todo la drogadicta no estaba mintiendo- murmuro aun con los ojos en las letras escritas en el suelo. -Llamare a los forenses y llamare al fiscal para que emita la orden de captura contra el padre Mario- saca su teléfono y marca a la estación-será mejor que haya visto bien sino medio pueblo nos va a odiar por tocar a su figura religiosa- comenta mientras espera por ser atendido. -Solo estamos haciendo nuestro trabajo, nada malo va a pasarnos- camino a la cocina rompe el silencio una notificación entrante en la casilla de mensajes de mi teléfono. Con desgano lo saco del bolsillo y leo la pantalla. Siento el oxígeno abandonar mis pulmones, corro a la pequeña ventana que se encuentra del otro lado del departamento y corro las cortinas dejando a la vista la ventana del departamento contiguo, la silueta perfecta de un hombre de al menos un metro setenta y ocho se refleja del otro lado del vidrio, otra vez los bellos de la nuca se me erizan, hay que hacerles caso decía mi papa, corre Aeryne, corre cuando sientas que estas en peligro, mi ritmo cardiaco esta por las nubes y las piernas no me responden a causa del shock del momento. -Aeryne….los orenses están aquí- a lo lejos oigo a mi compañero, aunque aún estoy embelesada en aquella figura para tomar importancia a sus palabras-¡AERYNE!- giro bruscamente volviendo a la realidad, suelto el aire que al parecer después de todo pude contener en mis pulmones. -Lo siento, ¿qué decías?- -Los forenses llegaron- miro su mano entrelazada a la mía, el calor de su cuerpo contra el mío es reconfortante en momentos donde no sé qué hacer- ¿te sientes bien?- -Si todo perfecto- volteo observando que la figura se desvaneció sin dejar rastro alguno, vuelvo la vista a la habitación y camino con Dylan de vuelta al living de la casa. -¿Detective como fue que lo encontraron?- Rayn el jefe del departamento forense se dirige a nosotros. -Solo levantamos los muebles que estaban sobre la alfombra y la levantamos hacia arriba sin deslizarla- le hago un diagrama a mano de cómo estaba todo colocado y se lo entrego. -Perfecto por favor tengan cuidado por donde caminan volveremos a repasar toda la casa en busca de algo que se nos haya pasado- -Claro no hay problema- salgo del departamento y me acerco a Dylan. -Ya está todo en orden allí adentro- suena su teléfono y lo veo contestar. -Aquí Carter…si claro, está bien llegaremos en un minuto, ok adiós- guarda el celular- el padre Mario está siendo llevado a la comisaria en lo que hablamos, el jefe nos espera para que realicemos el interrogatorio- -No los hagamos esperar más, vamos- bajamos las escaleras y subimos a la patrulla tratando de volver a la jefatura mientras tratamos de esquivar a los periodistas que prácticamente se lanzan sobre el vehículo para obtener alguna respuesta- Una vez que llegamos podemos ver otro gran alboroto de periodista y feligreses agolpados sobre las escalinatas que guían hasta la entrada principal de la comisaria. Bajamos del vehículo donde muchas de las personas all presentes nos rodean como una manada de lobos hambrienta esperando por respuestas a preguntas que ni siquiera logro entender entre todo el barullo. Logramos entrar con la ayuda de la escolta de nuestros compañeros para dirigirnos raudamente a la sala de audiencias donde se encuentra nuestro jefe dándole los últimos detalles a la preparación del interrogatorio. -Jefe- llamamos su atención una vez que entramos, el hombre gira su corpulenta anatomía hacia nosotros con un archivo en la mano, presumiblemente el del actual caso -Detectives, que buena manera de comenzar el almuerzo- -Buenas tardes señor ya lo creo, ¿Cómo debemos proceder?- -Eso depende completamente de ustedes, yo tratare de calma a la muchedumbre allí afuera mientras ustedes realizan el interrogatorio, lo que sí quiero pedirles es que mantengas la información bajo llave hasta que se aclare este asunto- -Entendido señor- tomo el expediente y seguida de mi compañero directo a la sala de interrogatorios. Abro la puerta tranquilamente, me acerco a la cámara de video y la prendo mientras que Dylan entra a mis espaldas y cierre la puerta. El hombre se encuentra sentado con las manos esposadas a una mesa de metal, la luz del lugar y el pálido de las paredes no ayuda a su semblante triste, aun viste la túnica color n***o azabache, su cabello gris esta revuelto y sus ojos perdidos en el espejo de la sala que le devuelve la imagen de un ser humano agotado. -A las 14:57 de la actual fecha se deja constancia del interrogatorio al señor Mario Vega con respecto múltiples cargos de asesinato y tortura, yo la detective Aeryne Wolf y mi compañero Dylan Carter dejamos constancia de los derechos legales que le serán leídos al detenido, padre Mario, ¿entiende que tiene derecho a un abogado y terminar con este interrogatorio en el momento en el que lo crea conveniente?- silencio absoluto- Además de que todo lo que diga puede ser usado en su contra en una corte legal- el hombre asiente muy levemente- que quede asentado que el detenido entiende explícitamente el porqué de su arresto y está dispuesto a seguir con el interrogatorio- Tomo asiento frente y abro el archivo de evidencias cuándo Dylan rompe el silencio que se había formado en la habitación. -Yo tampoco logro reconocerlo- mi compañero se sienta a espaldas del padre quedando de frente al espejo. –Sabe por qué está aquí, procederemos con el interrogatorio - el hombre mantiene la vista perdida en la nada sin omitir sonido alguno- -Si al parecer usted no lo sabe déjeme contarle, según lo que tenemos entendido de acuerdo con el testimonio de un testigo usted fue visto subiendo una alfombra en la que presumiblemente fue transportado Edward Johnson luego de ser asesinado devuelta a su departamento, que tiene que decir respecto a esto- la habitación se hunde nuevamente en un silencio absoluto dejando oír solo el sonido de la respiración de los presentes. - Diana Winston, Aarón Browson, Nick Morgan, Thomas Wester, Edward Johnson- mi compañero comienza a nombrar cada una de las victimas colocando una a una la imágenes de sus asesinatos frente a los ojos del religioso. Instintivamente el hombre desvía la mirada, mi compañero le sostiene el rostro para que contemple las atrocidades que nosotros mismos hemos presenciado, me mantengo atenta a cualquier respuesta violenta de parte del padre, aunque este lucha solo para alejarse de esas imágenes- mírelas padre, contemple su obra, su creación- habla irónico mi compañero levantando la voz sin soltarlo. -¡No! Me rehúso a que me acusen de semejantes atrocidades que yo no he cometido- habla por fin el clérigo en un intento desesperado por apartar la vista de aquellas imágenes, las lágrimas corren desesperadas por sus mejillas y mi compañero finalmente lo suelta alejándose de la mesa metálica para tomar asiento junto a mí. -Incluso si comprobamos que usted no tiene nada que ver con estos asesinatos, no les parece que estas coincidencias son muy sospechosas, padre subió la alfombra a la casa del difunto una semana después de que el muriera de acuerdo con nuestro patólogo forense- intervengo colocando una foto de la alfombra sobre la mesa. -Sé que parecen extrañas las coincidencias pero…- -Pero nada padre háganos el favor de no hacer perder nuestro tiempo y díganos quien es su compañero, no importa los peros que nos dé usted será acusado del asesinato de todas estas personas- señalo las fotografías. -¡Sí! Yo asesine a Edward Johnson, que dios se apiade de mí se lo merecía, era un maldito bastardo con su madre, pero yo no voy a responder por asesinatos que no cometí- responde rabioso. -Debo suponer entonces que si sabe quién cometió el resto de los asesinatos- claramente no esperaba esa respuesta de mi parte, pronto su rostro delata el grave error que cometió al admitir solo un asesinato de los 4 recién nombrados más el intento de homicidio del feligrés en la iglesia- padre esta es su única oportunidad para decirnos la verdad y salvar un poco de años de su condena- vuelve a tomar asiento en su lugar colocando la cabeza entre sus manos rendido. -Solo conozco los nombres de algunos de ellos Marta, Christopher y Elizabeth, los conocí solo una vez- -¿Cómo es posible conocer a un grupo de gente que están dispuestos a matar?-tomo nota de todo lo que dice. -Una noche llego una carta a la parroquia, ofreciéndome ayuda para terminar con la vida de Edward, sabía que estaba mal pero la señora Johnson no podía seguir así, ella quería volver con su hijo y yo no lo iba a permitir, nos encontramos una vez por semana en una cabaña apartada de la cuidad, en el medio del bosque, cerca de un rio- -¿Sabe quién es el líder del grupo?- -No solo seguimos sus órdenes desde el momento del primer asesinato- -El asesinato de Diana Wiston- -Así es- observo a Dylan por unos segundos con una mirada cómplice y vuelvo la vista al detenido- -Lo que no me explico- interrumpe mi compañero- como es que un grupo de personas llega hasta una cabaña en el bosque, donde se encuentra con tres desconocidos para seguir los dictamines de una persona otra vez desconocida que les ofrece asesinar a personas con las cuales aparentemente no tienen ninguna conexión- -Éramos un grupo de personas desesperadas las que se encontraron en el momento y lugar justos para cometer un asesinato, ya saben lo que dicen Detective, tiempos desesperados requieren de medidas desesperadas- libero el aire de mis pulmones en un quejido de indignación absoluta, estar desesperado no te da derecho a asesinar a nadie. -Está bien padre, veremos qué es lo que hará el fiscal con usted, mientras tanto reflexione y piense si quiere aportar algo más a la investigación, de todas formas no podrá irse muy lejos- -Me dispongo a terminar este interrogatorio a las 16:02 de la actual fecha, la cinta será entregada al fiscal que lleva el caso como evidencia de la confesión del señor Mario Vega- termino de juntas las imágenes de evidencia y las guardo en el archivo para luego salir de la habitación. -Debemos investigar a los conocidos de las víctimas, aquí hay algo muchos más sospechosos de los que inicialmente creíamos- volvemos a la sala de conferencias donde nos estaba esperando el sargento junto con el fiscal de distrito del pueblo. -Buen trabajo detectives, estamos un paso más cerca de terminar con todo esto de una vez por todas, vayan a casa a descansar, mañana será un largo día- -Gracias señor ¿hay alguna noticia de la oficina del grafólogo?- todas las notas encontradas en las escenas del crimen, tanto las escritas a mano como las impresas fueron llevadas a un grafólogo forense que se encarga de analizarlas para determinar qué tipo de caligrafía que usada o qué tipo de máquina, en el caso de qe la nota haya sido impresa para que el día de mañana si encontramos algún responsable o su impresora podamos cotejarlas y ver si hay coincidencia o no. -Mañana por la mañana estarán aquí los resultados detective, no se preocupe esta noche, hemos avanzado mucho por ahora y es mejor que vaya a descansar- -Claro señor, sin duda alguna lo haré- camino fuera de la oficina con dirección a mi despacho seguida de Dylan- ¿quieres ir a tomar algo?- -No gracias- suspiro pesado mirando a los lados, en una fracción de segundo tomo su mano y sin mediar palabra lo llevo hasta mi despacho cerrando con llave la puerta detrás de mí. Los ventanales de vidrio de este lugar nunca me han gustado y siempre me han hecho sentirme expuesta, ante la mirada expectante de mi compañero cierro las cortinas y lo llevo lo más lejos de la puerta, detrás de mi escritorio cerca de la ventana que deja ver la silueta del pueblo desde un tercer piso. -Si quieres que te diga todo te lo diré, pero debes prometer que no le dirás nada a nadie- susurro cerca del lóbulo de su oreja. Asiente para tener mi aprobación y comienzo el relato de cómo es que me metí hasta el cuello en este embrollo- planee con el sargento una táctica para atrapar al asesino poco ortodoxa, le llevamos la propuesta al iscal el cual nos dio la negativa a la primera y nos prohibió hacerlo- me distraigo de el remolino de emociones en mi cabeza mirando mis manos tan cerca de su fornido peco que quiero tocarlo. -¿Qué fue lo que hicieron?- susurra un grito como entendiendo la gravedad del asunto. -El jefe creyó que era buena idea armar un artículo en el diario diciendo que habíamos atrapado al asesino para ver como reaccionaba el verdadero- froto mis manos nerviosa- a la mitad de la “entrevista” llamaron a la última escena del crimen y sin querer revele que la operación era extraoficial- veo al suelo avergonzada- eche todo nuestros esfuerzos al barro y los pisotee bien pisoteados- esta mañana mientras estábamos en la escena del crimen me llego un mensaje, el periodista al que había recurrido para hacer el articulo estaba en el edificio de junto al nuestro frente a la ventana que da a la cocina de nuestra escena- -Estas presionándote Aeryne, no creo que sea tan terrible, ¿Quién era el periodista al que recurrieron?- suelto un gorgoreo que ni siquiera llega a ser una risa irónica. -Era Vinicio Conte- suelto sin más- -¡Que!- su voz se eleva y le coloco la mano en la boca para que no logren iro, la impresión hace que sus ojos caramelo resalten aún más de su rostro. -Cállate no digas nada- el sonido de la puerta nos pone a los dos en alerta absoluta, los golpes de unos nudillos arremeten otra vez contra la misma y sin más remedio me acerco temblorosa a abrir. -Hey Aeryne, creí que ya te habías ido…los dos- nos observa sospechoso. -Lo sé, el jefe nos ordenó retirarnos pero tenemos que terminar unos informes antes- la risa nerviosa de Dylan hace muy poco creíble mi actuación para el oficial de guarda de la estación. -Está todo bien, los dejo haciendo lo suyo- una sonrisa pícara se escapa de sus labios y sigue caminando para patrullar los pasillos, ruedo los ojos ante su estúpido pensamiento y vuelvo a cerrar la puerta. -Será mejor que hablemos en otro lugar, aquí no es seguro- tomo mi chaqueta del sofá a un lado de la habitación- y la próxima no sean tan obvio- una risa más genuina se le escapa de sus labios mientras camina a mi lado. -Creo que te debo una cerveza- me espera unos segundos para que pueda cerrar la puerta del despacho con llave- vamos- llegamos junto al chevi ’98 posesión de Dylan desde los 8 años de edad, un regalo de su padre según me contó. -¿Cuándo será el día en el que te deshagas de esta chatarra?- -Nunca, es una reliquia- subo en el asiento del pasajero colocándome el cinturón de seguridad. -¿Dónde iremos?- nos identificamos a la salida del parking y se sube a la carretera. -A mi casa, lo observo repentinamente desviando la vista del camino- tranquila no te haré nada…que no quieras- mis mejillas arden y una sonrisa socarrona aparece en su rostro dejando ver sus dientes. -Soy policía ¿recuerdas?- los coqueteos entre los dos son regulares y aunque solo se limitan a los horarios en los que no estamos trabajando me encuentro muy consciente de que la atracción física entre nosotros es palpable, y no me molesta para nada. Sin emitir otra palabra llegamos cerca del bosque Green & Hope del lado sur de la carretera principal. Una vez que arribamos a nuestro destino bajamos en el acto del automóvil granate y caminamos hasta la casa de mi compañero. Una pintoresca cabaña se alza frente a mis ojos, el color blanco de la pintura recién colocada la hace un lunar en este lugar, un jardín bastante cuidado y las flores en la ventana podrían confundir tranquilamente a la gente a pensar que aquí vive una pareja de recién casados, pero es todo lo contrario. Dylan tiene 5 años de divorciado con una mujer que lo abandonó con Julia de apenas 10 años de edad. -¿Dónde está Julia?- comento al ver que no hay rastro de la adolecente revoltosa que pone música a cualquier hora. -Está en la casa de Helena- helena es una compañera de colegio de Julia, las cuales parecen hermanas más que compañeras- dos días más y le entrego la custodia a Vanessa- madre de Helena- -Claro, como si pudieras vivir sin la locura de Julia- tomo asiento en el sofá observando los papeles en la mesa- ¿No te han dicho que hacerle la tarea a tus hijos está mal?- tomo las copias de la carpeta de la pequeña y las leo. -¿Nadie le ha dicho a los profesores que no deben darle libros de más de 2 siglos a niños de 15 años los que solo están interesados en i********: y ser popular?-lo escucho caminar por la cocina. -Pues si tienes razón, si quieres cuando vuelva Julia le puedo ayudar con su tarea, mi mamá era profesora de literatura, ella me dio unos buenos consejos para estudiar este tipo de libros aburridos- -Mañana entonces te vienes y le ayudas, ya sabes que soy más de las matemáticas que de los libros-se aparece con un plato de piza claramente recalentada y un ar de latas de cerveza en la otra mano. -Dios eres un ángel, no sabes el hambre que tengo- mi estómago ruje al mismo tiempo que le doy un gran mordisco a la porción de piza entre mis manos. -Gracias ya sé que mi cuerpo escultural me delata no tienes que recordármelo- ruedo los ojos limpiando la comisura de mis labios- entonces…Vinicio los tiene en su puño- -Básicamente si, el sargento solo me dice que no me preocupe que todo se va a arreglar pero es fácil decirlo cuando él no tiene el pellejo directamente en el asador- -Bueno encontraremos la manera de solucionarlo, no te apresures a los hechos- -Realizamos una operación encubierta sin autorización de ningún juez de la corte, con un periodista amarillista que vendería un riñón por conseguir una buena historia, la cual prácticamente se la dimos en bandeja… ¿ves algún resultado positivo para mí? Esta es la razón por la cual no quería contarte nada, debes mantenerte lo más alejado posible de modo que esto no manche tu reputación también- tomo un gran trago de cerveza. -Me importas Aeryne, quiero ayudarte, no me importa lo que me cueste…- chillo cortando su discurso. -Sabes que debes pensar en…- -Shh- el dorso de su mano acaricia mi mejilla, cierro los ojos ante el tacto inesperado. El tiempo se detiene en la habitación, mi respiración agitada chocando contra la suya, como dos imanes nuestras anatomías se acercan sintiendo el roce que provocan nuestras pieles juntas, mis terminaciones nerviosas trabajan a cientos de kilómetros por hora hasta que se detiene. De un momento a otro sus labios rozan los míos poniendo en marcha un baile delicioso y suave que parece no terminar nunca. Hasta que el sonido del teléfono rompe el ambiente
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