-¿Cómo deberíamos comenzar, si es necesaria una imagen del acusado lo ya traje- rebusco entre los papeles sobre la mesa hasta que la encuentro.
-Esta es una buena imagen, podemos ponerla a la derecha de la página bajo el título para crear más interes, lo primero que nos atraen son los títulos polemicos y en primera plana, luego laz imágenes que le muestran a la gente la realidad de los hechos que les están narrando, incluso si leemos de izquierda a derecha las personas diestras tienden a ver las cosad desde el lado habil de su cuerpo-
-Genial y hay hasta una ciencia para engañar a la gente- le doy un sorbo a mi copa de vino mientras armamos la silueta del capítulo.
-No menosprecie mi trabajo detective, es más dificil de lo que parece- sonrío.
Nos mantenemos por unas horas sin mucho que decir, trabajamos en un silencio que solo es interrumpido para comentar algún que otro detalle del artículo, el ambiente es un poco tenso pero nada que no se pueda aguantar, sobre todo porque luego de la pequeña visita a la biblioteca parece haber dejado al italiano en silencio.
Me levanto del suelo donde hace uno largo rato me había acomodado y estiro un poco mis piernas, un tiempo después mi teléfono comienza a vibrar otra vez y lo saco del teléfono atendiéndolo de una buena vez.
-Aquí Wolf- desvío la vista hacia la chimenea bajo la escrupulosa mirada del periodista a mi lado.
-Tenemos otro cuerpo- oigo al sargento del otro lado de la línea.
-¿Dónde?-
-En medio de la cuidad, un conjunto de apartamentos, en Richmond 423 la intersección con Mason, no traiga a nadie, si me entiende lo que digo-
-Sí señor, se dónde es, voy para allá- me giro viendo al periodista- debo irme, tenemos otra víctima- junto toda la evidencia de mi presencia allí y la guardo en mi bolso.
-La acompaño entonces- toma su chaqueta.
-No- me coloco frente a él determinante apoyando mi mano contra sus pectorales bien formados y lo veo a los ojos, profundos y oscuros- no ha salido a la luz todavía, no puedo llegar con un periodista a la escena-
-No creo que haya problema si saben que estoy trabajando con ust…- abro la puerta.
-Adiós señor Conte, gracias por la ayuda- sin esperar respuesta dejo el bolso en el asiento del conductor y conduzco por 30 minutos hasta la nueva escena del crimen.
Estaciono frente al edificio que se encuentra a media cuadra de la comisaria, bajo del auto viendo a los periodistas agolparse en las puertas del lugar, que rápido se enteran las sanguijuelas. Camino hasta la entrada sorteando a los periodistas y entro al complejo.
Subo al primer piso por unas angostas escaleras que se ven muy poco seguras, desde allí el hedor característico de un cuerpo en descomposición inunda los pasillos del lugar. Entro a la casa por un pequeño pasillo poco iluminado, llegando a la sala de estas veo la mugre que llena el lugar, hay latas de refrescos y cerveza cubriendo el suelo, los muebles están cubiertos de polvo e incluso la comida tiene mínimo una semana.
Lo insoportable del olor me lleva a colocarme el barbijo para alejar las náuseas, me coloco unos guantes y camino a la habitación donde me señalan que esta el cuerpo. Me acerco a la puerta viendo a Misael junto al c*****r, abro lentamente la puerta y camino dentro de la habitación dejando salir las moscas que antes se habían hecho un festín con la nueva víctima.
-Esto huele peor que la morgue- llamo la atención del doctor.
-Buenas noches niña – camino alrededor de la habitación.
-¿Cómo esta nuestro amigo?- veo la víctima, está envuelto en una cortina de plástico, la piel está separándose de los huesos, se puede comparar sin problemas con un caldo de pollo pasado, muy pasado.
-Considerando que estuvo dos semanas envuelto en la cortina, con la calefacción prendida y la habitación sellada por completo diría que está en muy buen- reviso los cajones en busca de alguna pista de la identidad del caldo de sopa.
-¿Se puede determinar la causa de muerte?-me acerco al cuerpo para ver si se encuentra algo a la vista.
-No exactamente, pero observando las heridas que quedan en la piel restante diría que fue incinerado- llama a unos oficiales que le ayudan a trasladar el cuerpo a una camilla para ser transportado a la morgue. Continúo revisando el lugar hasta que encuentro la billetera e la victima junto a la licencia de conducir del que ahora puedo nombrar como Edward Johnson. Salgo de la habitación cerrando la puerta tras de mí, guardo la billetera en una bolsa junto a la licencia, la firmo como es usual y se la entrego a uno de los oficiales de escena del crimen para que lo guarde junto con la demás evidencia.
Camino por toda la casa revisando las habitaciones, me tomo mi tiempo tratando de concentrarme en la tarea, trato de olvidar lo que sucedo con Vinicio pero es más fuerte que yo, me quedo pensando en su comentario, en su manera de referirse a su madre, tan familiar en esencia pero tan lejanos en sus pensamientos. Siento una mano robusta tocar mi hombro, giro instantáneamente volviendo mi mente al lugar.
-Hola Dylan- sonrío- ¿por qué llegaste tan tarde?
-Pase por tu casa a buscarte-
-Oh muchas gracias, yo no estaba en mi casa, me quede en la comisaria haciendo horas extras- reviso unos libros haciendo poco caso a las inoportunas preguntas que llueven hacia mí de parte de mi compañero.
-Recuerdo muy bien que saliste antes que yo de la comisaria- cruza los brazos frente a su pecho marcando los músculos de sus brazos bajo la camisa azul cielo que llevaba puesta. Su mirada penetra mi espalda ya queme giro al no ser posible que le dé la cara en este momento ya que si cruzamos miradas es capaz de leer mis pensamientos.
-Anduve haciendo unos recados- correspondo sintiéndome una cierva acorralada en el bosque por un oso hambriento por respuestas. Suspiro y me giro al entender que no iba a dejar el asunto por la paz sino obtenía una respuesta lógica que calmara su ansiedad.
-Me quieres decir al menos ¿por qué no me quieres decir dónde estabas?-
-Porque eso no le incumbe detective- oigo los pasos del sargento entrar a la habitación, se acerca a nosotros como es usual en el, con las manos en los bolsillos desgastados del viejo pantalón de vestir que trae.
-Seños- asiento con la cabeza mostrando algo de respeto al pobre viejo.
-Buenas noches Wolf- emula el gesto- la madre de la víctima llego a la comisaria hace unos minutos, necesitamos que hable con ella-
-Claro señor- sello y firmo las últimas bolsas de evidencias terminando allí mi trabajo. Todo el tiempo mi compañero presta suma atención a mis movimientos- ya termine, vamos a la comisaria- logro subir la vista tratando de alivianar la evidente tensión que se había formado en la atmósfera.
-Debo terminar aquí, nos vemos luego- me lana una mirada acusatoria, sin más que agregar asiento entendiendo su enfado y salgo del departamento bajando las largas escaleras para subir al auto y volver a la comisaria.
Abro la puerta de la oficina, rebusco entre las notas del caso sobre mi escritorio, una vez que logro conseguirlas camino fuera de ella en dirección a la sala común de la comisaria donde me espera la madre de Edward Johnson.
-Buenas tardes señora soy la detective Wolf yo voy a dirigir la investigación para averiguar que sucedió con su hijo- observo a la pobre mujer. Tomo asiento unto a ella, sus manos y rostro están pálidos, la nariz y ojos hinchados de tanto llorar demuestran el sufrimiento por el que está pasando. Lleva sobre sus hombros un cárdigan color gris opaco, raído por el tiempo, todo el tiempo está acomodándolo sobre sus hombros y brazos en un gesto nervioso. Acerco a ella un paquete de pañuelos del cual toma algunos y los sostiene entre sus manos fuertemente como buscando apoyo de alguna manera- lamento mucho su perdida- susurro, con los años he aprendido que esta frase es más un protocolo que una manera de alivianar el dolor de las víctimas, por experiencia propia no hay manera de calmar el dolor en el alma con una frase tan simple como “lo siento”.
-Gracias- logra responder acomodándose su ropa.
-Me gustaría hacerle unas preguntas si no le molesta- comento en tono suave a lo que la mujer asiente- comencemos por ¿cuándo fue la última vez que vio a su hijo?-
-Fue hace un mes, cuando me echo de la casa- limpia nuevamente sus lágrimas.
-¿Por qué la echó de la casa?-
-Él estaba en una de sus sesiones diarias de juegos-
-¿Juegos?-
-Sí, video juegos, le encantan…encantaban, eran juegos online, su pasión-
-Si claro, ¿por qué la echó de la casa?-
-Bueno, él estaba jugando y yo me pase del horario de almuerzo sin darme cuenta, él se enojó por eso y me dijo que no podía vivir allí, dijo que por culpa mía uno de sus juegos más importantes había terminado en derrota, estaba furioso- las lágrimas corren por sus sus mejillas sin control, se abraza a sí misma en busca de un poco de consuelo- la situación escalo rápidamente- prosigue- el me arrojo una botella de cerveza que se rompió en mi brazo dejando una marca desde entonces estoy viviendo en el refugio San Bernardino gracias al padre Mario- el sonido de la puerta interrumpe la entrevista.
-Lamento interrumpir- Dylan que al parecer ya había vuelto a la comisaria se adentra en la habitación y deja un papel sobre la mesa, sale sin mediar palabras y tomo el papel leyendo su contenido.
-Discúlpeme…debo preguntarle, ¿alguna vez su hijo la golpeo directamente?- agacha la mirada, su postura cambia totalmente a una defensiva.
-¿Por qué lo pregunta? Mi hijo está muerto ¿o le han enseñado a no hablar mal de los muertos?-desvía otra vez la mirada a sus manos acomodándose el saco sobre los hombros una vez más.
-Hay denuncias asentadas, hechas por el padre Mario y luego retiradas por usted-
-El tenia mal temperamento fuerte, como su padre, pero era bueno no merecía morir así- suelta un sollozo- era mi niño, fue mi culpa, no debí dejarlo solo- tomo en señal de apoyo, dios que mal le has hecho a esta mujer. Luego de unos minutos consolándola llamo a uno de los oficiales para que se quede con ella.
-Debo salir un minuto, llámeme si necesita cualquier cosa- le dejo mi tarjeta laboral y salgo de la habitación acercándome a mi compañero- hay que llamar al psicólogo esta traumada pero podría saber algo más-
-Seguramente, el reporte de la autopsia informa que también hay rastros de tortura en el cuerpo-
-Eso no es sorpresa, el resto de las victimas también lo fue- camino a mi despacho seguida de Carter
-Sí, aunque de acuerdo con el informe el mismo se produjo las heridas- lo veo sorprendida- Edward Johnson no murió a causa de las quemaduras sobre su cuerpo como pensábamos en un principio, el murió de rabia- sostiene el informe frente a mí.
-Cómo es posible que nadie haya oído nada entonces, los enfermos rabiosos no son precisamente de los más calmados- tomo los papeles y comienzo a leerlos detenidamente-
-Así mismo pensé- deberemos entrevistar a los vecinos otra vez-
-Si tienes razón- veo el reloj en la pared, la manecilla corta marca las 7 de lamanaña y la larga los minutos un pocos pasados de las y media- son las 7:35, ¿crees que deberíamos ir ahora?- mi compañero imita la acción revisando el reloj.
-No perdemos nada con intentarlo-
-Claro vamos- tomo la chaqueta y caminamos en silencio a la patrulla.