Habían pasado tres largos años después de la graduación y Amelia de vez en cuando, aún tarareaba aquella canción:
“Aquí ya hemos terminado, amigo mío, se acabó.
Acércate, dame un abrazo, que este infierno remitió.
Esperadme aquí un momento, cuida de esta posición,
comprobaré que terminamos la misión”…
Sí, Amelia tarareaba esas palabras mientras las escribía en su diario. Era la estrofa de una canción que le recordaba lo que había dejado atrás y le recordaba también que nunca dijo adiós. Esa noche cerró su diario y se dispuso a terminar de hacer su maleta, ya que al siguiente día salía de viaje a la playa con sus padres, así que no quería olvidar nada.
Casi cerca de la 1 de la mañana, Julián escribió. La conversación duró unos cuantos minutos. Amelia no tenía ni un poco de ganas de responder ni conversar, aunque su corazón se sentía culpable por sentir esa falta de querer hacer las cosas. Julián, entre otras cosas, le comentó sobre su actitud poco cariñosa, siempre algo disgustada y le mencionó el hecho de que últimamente parecía que ella no tenía ganas de nada, parecía estar enojada constantemente. Amelia, con unas cuantas palabras acabó la conversación, se acercó a su mesa de noche, tomó su diario, su plumilla de tinta china, se recostó sobre su cama y escribió:
-"Amelia, ¿qué haces? ¿Por qué tengo esa actitud fría y pienso que debo dejarlo todo hasta aquí?, pero a la vez, ¿por qué tengo este corazón triste y descontrolado que siente que se le parte el alma? ¡Y es que yo no estoy diciendo que no lo ame!, sólo estoy pensando en que no me imaginaba sin él”-.
Uno de aquellos días en la playa, Amelia conversaba con su padre, Liam. No solían conversar demasiado pero se trataban muy bien. Mientras hablaban, vio a lejos a un muchacho que le pareció algo conocido, pero con el sol completamente en su rostro no podía ver muy bien, así que siguió observando. El muchacho caminaba por la orilla de la playa y al estar más cerca, Amelia logró ver su rostro, era Gael Meyer. Ella, sin demostrar interés alguno frente a su padre, le dijo en voz baja: “¡Mira! Aquel es Gael, Gael Meyer, ¿lo recuerdas?”. Su padre se levantó inmediatamente de la silla y lo llamó por su nombre. Amelia no podía creer que su padre lo había llamado para que se acercara. Amelia no hallaba donde meterse y, sin oportunidad de nada, ahí estaba él, frente a ella. Primero saludó a su Padre y luego saludó a Amelia. Hablaron un largo rato y luego se despidieron. Ella no podía creer que la casualidad los hubiese encontrado.
Aquella misma noche, Amelia recibió un mensaje de Gael que decía: “Estaba pensando en ti”. Para Amelia, los hechos que ocurrían por simple coincidencia eran asombrosos. ¿Cómo era posible que todo sucediera en completa sincronía? Era incomprensible que después de tanto tiempo se encontraran en ese preciso lugar. Aquel encuentro en la playa, la combinación de muchas cosas para coincidir allí, en ese instante, fue el desencadenante de cosas que Amelia aún no se imaginaba.
Algunas semanas después de aquel viaje y sin grandes cambios en la vida de todos, Gael comenzó a escribirle a Amelia. Le escribía la mayoría de las noches, por no decir que todas. Gael escribía mensajes cortos, con alguna frase corta, quizás un saludo, pero dejando esa puerta abierta a algo más. Sus mensajes no eran mensajes que buscaban encontrar respuestas, sus mensajes eran de aquellos que envías para dejar claro que estás allí, cerca. Eran mensajes que te dicen que, aunque esa persona esté muy lejos, siempre y pase lo que pase estará pensando en ti.
Amelia, respondía fingiendo que no le importaba, pero no dejaba de pensar en qué le estaba sucediendo, en qué estaba haciendo, en por qué estaba sintiendo lo que estaba sintiendo. Una de esas noches, pasadas las 12 am, Gael le preguntó: "¿Qué harías si te piden dejarlo todo y vivir algo extraordinario? ¿Qué te hace dudar?". Ella respondió en su cabeza y pensó: "tengo miedo de sentir y de perder todo lo que he amado", pero esa noche no respondió.
Aquella noche, 29 de enero, Amelia soñó por primera vez con Gael, sí, con Gael. A la mañana siguiente, ella estuvo alegre y despreocupada, había soñado que estaba sentada junto a él, en una banca de madera, que sin hablar nada, la había tomado de la mano y ella se había quedado dormida recostada en su brazo. Durante aquel día, se mantuvo pensando en aquel bello sueño. Aquel sueño que la inspiraba, pero que la hacía pensar que estaba siendo parte de un engaño, aunque nadie estuviera al tanto, porque quizás estaba engañando a una persona con el corazón y Amelia no se sentía orgullosa de eso. Y es que, durante muchas noches, después de aquel día en la playa, Amelia solo esperaba que llegará un mensaje de Gael.
Amelia no sabía que pensar de sí misma. Sentía que en medio de toda esta desatinada e inadecuada situación, con el corazón y su mente era parte de un engaño, porque era un engaño que también implicaba engañarse a sí misma, haciéndole pensar a su mente y a la razón que la persona con la que estaba era la correcta, aunque en realidad no era así. Era una bonita historia, no la mejor, no una perfecta, pero bastante bonita y para Amelia era importante. Julián no era un simple enamoramiento, era aquella primera persona de la que te enamoras de la forma más sincera posible, pero la historia estaba llegando a su fin, algunos de ustedes sabrán de qué hablo.
Durante aquel mes, Julián intentó de diferentes formas compensar a Amelia y remediar la situación. La invitaba a salir de paseo, a ver alguna película en el cine, le compraba flores, la sorprendía con chocolates, con pequeños postres y Amelia, aunque trataba de agradecerlo, no se sentía completamente bien y no le podía corresponder del todo. Largos días y unos cuantos meses pasaron y, aunque lo intentaron las cosas no mejoraban. Amelia seguía con la incertidumbre de no saber lo que sentía, en muchas ocasiones no quería que Julián llegara a su casa, le incomodaba y hasta sentía que era inoportuno. Así que pasaban los días y continuaba aquel dilema entre los dos.
Un día, durante su clase de historia de las artes visuales, su amiga Caroline le preguntó en una nota de papel:
- Amelia, quiero decirte algo, contesta con sinceridad-.
- OK- dijo Amelia.
- He notado algo extraño entre tú y Gael. Yo creo realmente que a Gael le gustas tú, pero a ti, ¿te gusta?- preguntó Caroline.
- No- escribió Amelia sin dudarlo.
- No te creo - escribió Caroline en medio de risas-. Creo que te estas enamorando de él.
Amelia con su lapicero hizo un rayón en la nota y sonrió, pero durante aquella clase, no dejó de pensar en lo que su amiga le había preguntado.