- No pudimos quedarnos a esperar, lo siento Thot, pero no puedo dejar que Anath se haga cargo de librarme de la culpa. Y Siri, bueno, quiere redimir su pecado, así que viene conmigo.
- ¿Madre? ¿Qué haces aquí?
- Lo único que puedo hacer en mi estado actual; ayudar a Neliel junto a Siri mientras ustedes dos completan la misión.
- Pero…
- Anath, concéntrate. Han llegado en el momento indicado… Heget, Siri, encárguense del perímetro junto a Neliel. Esto puede tardar.
Cerrando la oración, Heget y Siri asumieron de inmediato sus roles en la batalla. Cario y los demás no se lo esperaban, y definitivamente, Neliel tendría un alivio. Luchar solo contra tantos exiliados, es uno de esos riesgos que te pueden hacer desaparecer en un descuido; ya hemos perdido a tres y no podemos permitirnos caer en esta misión.
Heget ha conjurado su propio Círculo. También se ve renovada; veo que mi estilo salió, en esencia, de ella. Es una de las mejores hechiceras de Rina, llena de osadía y cargada de un sentimiento de dolor, creo que hará un buen trabajo enfrentando a estos idiotas.
Siri, por su parte, ha traído decenas de pociones que no me sorprenderían si hiciera estallar todo lo que vemos.
- Siri, inicia con el plan. Neliel, tú ve al norte y al este del perímetro. Yo me ocuparé del suroeste.
- Entendido.
Están completamente sincronizados, Siri se ha quedado dentro de la barrera y no ha vacilado en comenzar a crear lo que mejor se le da: pociones.
A pesar de que son demasiados, mamá y Neliel parece que pueden arreglárselas, derriban decenas en segundos, y aunque se nota el esfuerzo que hacen para no dejarse contraatacar, no parecen desprender demasiada energía en cada ataque.
Él ha abierto las puertas de su ira interior, una puerta que ha estado cerrada por siglos, y que hoy tiene lugar en la arena. Sus ojos han perdido color, y desprende un aura de peligro; de no ser porque luchamos por la misma causa, sabría que debo irme. Aun así, Samael sonríe y Cario se ha tumbado en una roca a observar.
¿Habrá perdido la cabeza?
Morirá…
- No tenemos por qué esperar, Thot.
- No estoy esperando Samael, tú ya estás acabado…
¿A dónde se ha ido?
Él ha desaparecido y me ha dejado frente a estos tres. A pesar de su ventaja, Cario se ve preocupado, pero Samael está desconcertado.
- ¿Por qué te escondes, anciano?
No hay respuesta, pero su presencia sigue aquí. ¿Qué intentará hacer?
- Muéstrate, anciano cobard…
¿Samael ha caído?
Se retuerce en el suelo, sus venas parecen a punto de explotar. Ha volteado sus ojos y de su boca sale espuma azul. Está… muriendo…
- ¡Sam! Las pagarás anciano, pero primero tu pequeña. Voy por tu vida, niña.
Aquí viene. Myra se acerca con un paso y ya está frente a mí, intentando cortarme con su espada. Pero el fuego en mi interior parece tener vida propia y antes de recibir el daño, ha creado una delgada barrera protegiéndome del corte.
Ella solo ataca sin parar, pero puedo esquivar, puedo repeler el ataque sin mucho esfuerzo.
- ¿Por qué tardas tanto, Myra?
- Esta pequeña sabandija conjura más rápido de lo que recuerdo…
- Más te vale que te apresures, Thot parece que regresará dentro de muy poco.
¿Regresar? ¿A dónde pudo haber ido?
- Niña… Tu maestro ha muerto en cuerpo para entrar en Samael y acabar con él desde el interior. Sabía que no tenía oportunidad contra él en un combate cuerpo a cuerpo, así que prefirió una muerte rápida. ¿No es eso ser despiadado? ¿No es eso de lo que nos acusas?
- Tú, asesinaste a mi padre, no te atrevas a comparar eso con nuestro intento de salvar Atlantis.
- ¿Salvar? Atlantis está perdida niña… Está perdida desde que Thot llegó a nuestra isla.
- Cállate.
Madre… Heget no está tan fuerte como decía estar y Siri, sigue en su preparación. Yo no sé cómo atacar a un blanco en movimiento, me aterra la idea de que alguno de los nuestros resulte herido.
- ¿Anny? ¿Puedes escucharme?
- ¡Dorian! Sí…
- Ataca con fuerza, todos estaremos bien.
- Pero, Dorian…
- ¡Hazlo!
Es hora, te haré pagar por lo que le hiciste a Siri, a Heget y a mi padre.
Todo este dolor plasmado en un conjuro con certeza acabará con lo que eres…
Mientras de mis manos salen dos torrentes flameantes que apresan a Myra, mis pensamientos se dividen en dos. Una parte quiere ponerle fin y otra, más oscura, quiere hacerla sufrir.
- Niña, estás en las Ruinas, puedes ceder ante la oscuridad que llama a tu puerta y obtener mucho más poder, más control. Diviértete con esto y a pesar de que yo muera, siempre habrá una como nosotros. Pero no será cualquiera, será la encarnación de la Llama Escarlata. ¿No sería asombros…?
Sus ojos, igual que los de Samael, perdieron el color. Tal vez deba soltarla y dejarla morir.
- Mi niña… Solo queda uno.
- Sí, Maestro.
Cario no esperaba quedarse solo frente a mí. Según él, podía acabar conmigo en un instante, pero en cada ataque se ha dado cuenta de que la verdad está lejos de sus creencias. Puedo anticipar lo que va a hacer, con qué fuerza y bajo qué intención. Esa es una gran ventaja, lamento que no se aun combate equilibrado, pero estaré satisfecha cuando este desequilibrio me permita restaurar el nombre de mi familia.
- Lo lamento, Cario.
- ¿Qué lamentas, niña? ¿Me has fallado o tal vez estás diciendo tus palabras de despedida?
No se ha dado cuenta, se mueve tan rápido en cada ataque, que su deseo por cortarme en pedazos no le deja ver ni sentir lo que en realidad está ocurriendo.
- Así que por fin apareces, anciano. En un minuto acabaré con ella y continúo contigo. Espero que seas paciente.
- Cario, mira tu pecho...
- ¿Cómo? ¿Cómo es posible?
Al fin se detuvo. Desde hace un momento arrojé una corriente focalizada, como una lanza de fuego escarlata que le atravesó el pecho y se esparce por su interior. Estaba sangrando, pero no podía notarlo por el exceso de adrenalina y la magia que estaba utilizando.
Cario… Al final fuiste solo un bufón, inspirando a los atlantes a luchar entre sí, acabando con la vida de quienes estaban del lado de la luz, pero sin poder detener el ataque de una niña.
- Todavía no estamos a salvo, Anath.
- Son muchos en el perímetro.
- ¿Cuánto falta, Siri?
- Solo un poco más, Maestro…
Entiendo, Neliel y Heget están haciendo tiempo, pero la pieza clave es Siri…
- Thot, lamento llegar tarde, ya está listo. No pude erradicar el Claroscuro, pero lo almacené en una de las agujas. Una vez que acabemos con esto, podremos entregarlo en Amenti. ¿No?
- No, entregar el Claroscuro es un grave error, debemos proteger a los atlantes de su influencia. Pero de eso nos ocuparemos luego, por ahora debemos conseguir más tiempo para Siri. ¡Vamos!
- Enseguida…
No hubo más pérdida de tiempo, rápidamente Él se ocupó de la mitad sur de para que Heget descansara; Dorian y yo nos concentramos en el norte para que Neliel, quien había hecho un trabajo excepcional, pudiera respirar un poco.
Por un momento pude ver cómo Él levantaba sus brazos y fuertes corrientes de energía se movían en su favor. Combina la manipulación etérica con el círculo de fuego arrazando con todo a su paso. Les deja reflexionar por si alguno de ellos desea rendirse y salvar su vida; tendrían que pagar alguna condena por sus crímenes pero al menos conservarían su vida.
Aun así, parece que todos están determinados a matarlo o morir en el intento.
En el norte no hay diferencia, todo lo que se respira es el instinto asesino alimentado por la ira y el duelo por haber perdido a tres de sus líderes. Flin no ha dejado rastros, pero no me extraña si se fugó de Atlantis; después de todo, son cobardes que pretendían atacar desde las sombras.
Mi cuerpo responde con naturalidad a los ataques, esquiva y conjura como si siempre hubiera hecho esto. Sé lo que debo hacer, cómo y cuándo sin siquiera entenderlo. A esto le llaman intuición, pero con magia, es extraordinario.
Uno, dos, cinco… Doce… Se supone que a medida que acabamos con ellos, la multitud debería disminuirse, pero no parece haber ningún cambio. Debe ser una mala broma, no hay atlantes infinitos, y menos encerrados en este lugar.
- Esto es obra de Flin, necesitamos que Siri termine para darle la estocada final al asalto.
- ¿De qué hablas?
- Flin es un hechicero con habilidades admirables con el manejo de la realidad. Muchos de estos enemigos no son reales, por eso caen con facilidad, pero no sabemos de dónde podría aparecer un ataque poderoso, así que debemos descubrir dónde están y mantenernos alertas para no caer en su trampa.
- En ese caso…
- Anny…
He estado conteniendo parte de este deseo, pero si al final, lo que veo no es real, ¿Por qué contener mi instinto destructivo?
Liberándome de esas ataduras morales, mi flama se esparce sin contemplación. Un gran tornado de fuego se crea desde mí y se abre paso entre la multitud, eliminando cualquier ilusión alrededor del perímetro. El Maestro no ha liberado todo su poder porque mantiene un poco de fe en la rendición de los exiliados, pero yo, ya no creo que pueda haber arrepentimiento.
Muchos de ellos han crecido con el odio como doctrina raíz y son creyentes de un ideal trastornado.
Ahí están… Ciertamente muchos han muerto, pero quedan cerca de mil. A pesar de que la ilusión se ha ido, no puedo ver a Flin, y sigo sin percibir su presencia.
- Listo, ya lo tengo.
- Siri, espera un momento… Thot, háblales. Tal vez alguno se pueda salvar…
- Hermanos, Atlantes…
- Cállate ¡Tirano! ¡Invasor! ¡Hoy morirás!
- Adelante Siri, no hay marcha atrás…
- Pero ¿Y Flin?
- De él nos encargaremos luego.
Aquí termina una generación llena de odio, incapaz de ver más allá de lo que saben, creyéndose dioses sobre Atlantis, incluso después de dominar lo que ellos llaman la totalidad de las artes atlantes.
Un par de gotas de la poción de Siri, al entrar en contacto con el suelo de las Ruinas, se esparció una pequeña bruma verdosa por toda la zona. Todo el que la respirara, si su corazón estaba en el claroscuro, moriría; si en su alma había odio, también moriría.
En efecto, quedamos 6 de pie, todo lo demás, sería polvo.