La carga kármica

1560 Palabras
Él estaba sumergido en un mar de pensamientos. Mientras el viento removía el polvo de lo que era una horda de enemigos, Él reflexionaba porque habíamos acabado con un gran número de vidas. No es para menos, después de todo, somos una misma especie, y no está del todo bien lo que acaba de suceder. El dilema es que alguien debía desaparecer, si no se trataba de ellos, seríamos nosotros. Ante esta escena, con certeza los comerciantes extranjeros nos acusarían de un imperio bárbaro. Muchos nos condenarían a un lugar al que llaman Infierno; un supuesto lugar donde residen las almas de las peores personas, donde sufren eternamente, castigados por un dios que exige reverencia y obediencia. Creo que lo mejor que me pudo ocurrir fue nacer en Atlantis; si mi educación girara en torno a ese ideal, lo más probable es que no hubiera asumido el rol de defender mi aldea y en estos momentos estaríamos bajo el dominio de los exiliados. Todo por el temor a atreverse a más. Sin embargo, hay una pesadez que invade mi cuerpo después de todo este alboroto. Tal vez es la carga kármica de quitar una vida. No por ir a un lugar particular, sino que retrasa mi evolución como alma única en el cosmos. No encuentro lugar para el arrepentimiento; aunque no quise librar una batalla de esta magnitud, debo admitir que el resultado me tranquiliza. Cario estaba demasiado confiado, y no contó con que el Maestro pudiera aniquilarlos tan fácilmente. Y por supuesto, hasta yo había subestimado el poder que podría resurgir de la Llama. -         Esa no fue la Llama Escarlata, hija. -         ¿Qué dices madre? Claramente viste lo que ocurrió. Yo… -         Eso fue solo un hechizo poderoso conjurado en fusión con el Círculo de Fuego. La diferencia, es que tu fuego es carmesí y no azul como el resto. Sí, la Llama te ha dado facilidad para conjurar con gran velocidad y tu cuerpo responde casi instintivamente, pero ese no es el poder de la Llama; digamos que es solo una pizca. -         Pero… Acabó con Cario, y barrió las ilusiones de Flin en un instante. -         Sí, todos lo vimos, Anny. Pero Heget tiene razón. La leyenda sobre la Llama Escarlata habla de cosas que realmente no podremos explicar, pero se dice que todo atlante la reconocerá cuando se manifieste. -         Siri, ¿Estás bien? -         Sí, Maestro, estoy ilesa. -         Estuviste increíble. Lamento que tus primeras pociones con el Círculo fueran para un ataque de este tipo, pero era necesario. -         Lo entiendo. No me siento triste, pero sí tengo una pesadez encima. -         Todos, en realidad. -         ¿A qué te refieres Neliel? -         Anath, Siri… Quitar una vida de tu misma especie altera las vibraciones de tu entorno. Hay pesadez porque arrastramos la carga de las memorias de todos los que murieron en nuestras manos. Eso hace pesada nuestras almas, y si no lo limpiamos, será difícil ascender. ¿Acaso se refiere a que hay un lugar llamado cielo? -         No, Anath. Es decir, estás pensando en si las historias de los extranjeros es cierta y ahora debes temer del infierno o purificarte para ir al cielo. Aunque en esencia es una idea práctica de resumir lo que sucede, creer eso te ancla a un patrón de vida que no es exactamente una vida plena. -         Perdón, pero no lo entiendo, Maestro. -         Anny, lo que Thot quiere explicar es que ciertamente la luz y la oscuridad forman parte de una totalidad en la existencia y quien se decante por las tinieblas tendrá un alma más densa. Sin embargo, eso limita únicamente el ascenso a la unión con el Todo. -         Sigo sin entender completamente. -         Y por eso es que los extranjeros hablan del cielo y el infierno. Jajaja, es cierto, es complejo. Pero en el futuro, cuando te hayas adentrado en las profundidades de los principios universales, lo entenderás. Por ahora, sólo debemos ocuparnos de aligerar nuestras almas. Él había recobrado su tez. Por los momentos los exiliados ya no harían ruido, ya no hay amenaza. Aunque, sigue existiendo la posibilidad de un ataque de Lyra. -         Siri, mi niña, ¿puedes hacer algo por nosotros? -         Lo que digas Heget. -         Utiliza los cristales y tu ingenio con la alquimia para crear algo que nos permita drenar esta pesadez. No es bueno regresar así. -         Es cierto, apenas levantemos la barrera, podríamos esparcir esta sensación de muerte por el resto de Rina y eso podría ser contraproducente. ¿Podrás, Siri? -         Claro, pero puede tardar… -         Tómate tu tiempo amiga, ya no hay peligro, por ahora. Ellos siguen hablando sobre cómo podrían transmutar esa pesadez pronto para recuperar lo que somos con prontitud. Pero yo, solo pienso en que Flin está en alguna parte; quizás frente a nosotros, pero encubierto por una magia especial. Tal vez abandonó la isla cuando supo que todo estaba perdido. O… Puede que haya sido su plan desde el principio. Espero que estemos fuera de peligro por ahora. Las casas de las Ruinas se ven muy bien. Es difícil pensar que esto estuvo aquí tanto tiempo y nunca lo imaginé. Ciertamente viajo poro fuera de Rina, pero eso me hace pensar en que así como la treceava casa, deben existir cientos, no, miles de secretos a lo largo y ancho de todo el continente. Maestro, ¿Quién sabe cuántos secretos hay en tu corazón? ¿Habrá alguno que represente un peligro mayor? Agradezco que la locura de Cario haya quedado en un intento frustrado de conquista. No soportaría vivir bajo el yugo de un emperador. No siendo una atlante descendiente de los nativos de una tierra bendecida por el cosmos. Si aparece un nuevo peligro, dudo que sea tan sencillo de erradicar, como éste. Lo mejor es que comencemos una preparación más completa. Desde la llegada del Maestro, todo ha sido demasiado confuso y acelerado. En un pestañear, hay un Estelar, Siri ha dominado nuevas fases alquímicas, ahora tengo cierto control sobre el Círculo de Fuego, y en medio de todo, he perdido a Bathory. Sé que él habría peleado junto a mí, le habría encantado estar codo a codo dándole batalla a la horda de exiliados. Aún mientras camino por las calles de las Ruinas, me parece que lo veo en algún reflejo, pero no es más que mi imaginación. Su cuerpo se incineró, y el olor a su sangre quedó impregnado en casa. Me di cuenta cuando fui a visitar a Heget. Tal vez Siri pueda ayudarme a quitar todas esas marcas, seguramente una transmutación en casa podría cambiar todo a favor. -         Anath, no deberías alejarte demasiado. -         Solo estoy dando un vistazo, Heget. -         El peligro que puedes ver es menos dañino que aquel que no puedes ver. Mejor regresa, mi niña. -         Maestro, necesito despejar mi mente. -         Tal vez deberías hacerle caso al tu maestro, niña. -         ¿Quién dijo eso? ¡Muéstrate! -         ¡Anath, espera! -         Hay alguien aquí, alguien que sobrevivió. Se esconde en alguna de estas casas. Voy a… -         ¡Detente! La voz del Maestro se extendió como un trueno por todo el lugar. No tuve otra opción más que detenerme. Creo que estaba siendo confiada, demasiado considerando que Flin, el ilusionista podría atacar desde cualquier lado. ¡No es posible! Está frente a mí, pero apenas puedo ver su silueta difusa en la realidad. Parece estar en otro plano de la materia. -         Eres demasiado curiosa para estar del lado equivocado, niña. -         ¿A qué te refieres? ¡Sal de allí! ¡Ahora! -         No lo provoques, Anny… -         Bueno, estás cegada por tu nuevo poder, niña. Pero al final, solo eres eso, una niña intentando proteger lo que queda de su mundo, porque la mitad de ese lugar ya no existe. Y no, no hablo de Atlantis, sino de tu mundo. -         Cállate. -         Sabes a lo que me refiero… Bathory… Ya no está, ni nunca más estará... -         ¡No te atrevas! Por más que me esfuerzo por atacar, mis llamas están agotadas. Mi círculo es débil y parece que Flin lo sabe. O tal vez sea… La carga… -         Bueno niña, ambos estamos de acuerdo en que te falta mucho por conocer. Si quieres dominar el Círculo la Llama Escarlata en su totalidad, no puedes seguir limitándote. No puedes conjurar igual porque estás agotada, es la primera vez que conjuras para matar y la primera vez que sientes el peso de acabar con la vida de alguien. Lamentable, pero te tocó cargar el peso de cientos de exiliados a la vez. Tiene razón, apenas estoy comenzando un largo camino. No debería ser tan imprudente. -         Dame tu mano, niña. Date la oportunidad de conocer todo el potencial que reside en ti. -         ¿Quién te habla Anath? El Maestro no puede ver, oír ni sentir lo que está ocurriendo. Tal vez Flin haya hecho esto exclusivamente para hablar conmigo, o puede que en realidad sea como dice; el poder de los atlantes está sesgado por la misma luz. Una parte de mí siente un inminente peligro, pero la otra… La otra quiere ir con Flin y descubrir lo que en verdad puedo hacer. Así, podría protegerlos a todos del ataque de Lyra. Bueno, eso no está tan descabellado.
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