Él alzó su cetro y pronunció unas palabras. El cielo se tornó gris y comenzó a precipitarse una tormenta; había relámpagos y uno que otro caía en las Ruinas con una fuerza sobrenatural. Parece estar concentrado y decidido a seguir peleando, pero ahora estoy segura de que no sabe dónde está Flin.
- Anath, regresa con tu madre ahora.
- Sí, Maestro.
- Flin, muéstrate y acaba con esto.
- Como prefieras, anciano… Acá estoy.
De pronto un velo se disolvió y Flin estaba frente al Maestro quien me habría alcanzado minutos antes. Dorian y Neliel saltaron enseguida para rodearlo y evitar que las cosas se salieran de control. No sé si tendrán la fuerza suficiente, pero parece que no vacilarán al intentarlo.
Chicos…
- A ver, creen que pueden detenerme ¿Cierto?
- Bueno, Flin, si no te has dado cuenta, mira a tu alrededor. Eres el único exiliado que sigue con vida.
- El único exiliado… Es lo que creen ¿No?
- No es tiempo de tus juegos mentales. Tienes la oportunidad de rendirte o desaparecer como el resto.
- ¿Acaso crees que con todo el poder que tenemos podrías acabar con nosotros usando magia barata? Thot, por favor, sé que puedes hacer más.
- ¿De qué estás hablando?
- De que ahora hemos visto su manera de pelear y sabemos cómo acabar con ustedes en un pestañear. No debiste subestimar el claroscuro.
- No es que lo hayamos subestimado, es que están acabados, Flin. ¿Lo ves? ¿O tus propias ilusiones te han cegado?
- No, Thot. Eres tú el que no puede ver, pero no te preocupes, te haré un favor.
Todos quedamos atónitos cuando de pronto lo que veíamos a nuestro alrededor comenzó a disolverse dejándonos ver la verdad que yacía frente a nosotros. Cario, Samael, Myra y cientos de exiliados estaban frente a nosotros.
Todo lo anterior había sido solo un juego de Flin y ya eso nos había dejado sin energía para una batalla inmediata. Si atacan ahora, habrá problemas.
- Thot, el gran maestro atlante, te has vuelto blando y confiado. Crees demasiado en lo que ves, pero has decidido olvidar que hay peligros asechando desde planos que no puedes ver.
- Después de varios miles de años, Flin, entenderás que no contamos con que ningún idiota quiera acabar con una especie de la luz solo por estupidez y deseos de venganza. Sí, olvidé que se trata de una guerra, y olvidé pelear en una; tal vez porque no quise creer que habría rivalidad entre nosotros mismos.
- Difícil de creer después de un exilio mágico ¿No te parece?
- ¿Y qué? ¿Intentarán acabar con nosotros? Porque están muy lejos para eso.
- Cierra la boca, anciano. Flin, ya vámonos.
- ¿A dónde pretender ir? ¡La batalla es aquí!
- Thot, ya perdiste… ¿Ves aquel destello?
¡No puede ser! En el cielo hay un pequeño destello azul. Mi corazón late muy fuerte, pues sin duda es una nave lyrana. Eso puede ser un verdadero problema.
- No te preocupes, no morirán hoy. Pero nosotros, al fin saldremos de este asqueroso lugar.
- Así que se han aliado con Lyra.
- Thot, Thot, cierra la boca y dedícate a curar a los tuyos. Dentro de poco volveremos y espero que podamos tener una batalla de verdad.
Eso fue lo último que escuchamos. Luego, del destello salió una luz tenue pero rápida, toco el suelo y todos los exiliados desaparecieron en su resplandor. Ahora se han aliado con Lyra, no sé si podría haber algo peor.
Neliel ha caído de rodillas y Dorian, enfurecido solo mira el cielo. Heget ha abrazado a la Siri y yo solo me quedé a mitad de camino. Aunque todo haya sido un fracaso, por alguna razón desconocida siento que mi fuerza se restaura en cada segundo.
- Es la lluvia, Anath.
- ¿Esta que acaba de invocar?
- Sí… Cuando entendí que hablabas con Flin, supe que las cosas pondrían ponerse complicadas, y que tal vez necesitaríamos un extra de fuerza para pelear. Aún tengo para dar batalla, pero me juega en contra la falta de deseo de muerte. Pero ustedes están agotados y al final todos estamos en desventaja frente a esos asesinos calculadores.
Siento impotencia, se han ido con una falsa amenaza a Rina, nos hicieron creer que nos conquistarían y luego dominarían a nuestra especia, pero al final todo se trataba de una investigación de campo para vender datos y ganar un lugar en las filas lyranas. Estos sí que saben hacer un plan elaborado. Nosotros solo vimos la posibilidad de entrar, atacar y limpiar las Ruinas Atlantes para librarnos del peligro que podría significar, pero al final fue tan básico que no vimos la complejidad de sus deseos.
Un agite de brazos y de nuevo una fuerte corriente de viento y fuego sale de estos para destruir una de las casas del lugar. Este hecho abre paso a una nueva ola de ira y poco a poco va creciendo.
No creo que sea bueno contener todo este poder, siento que si no suelto esta ira, mi corazón explotará…
- ¡Anath! Detente, estamos todos aquí…
- ¡Escaparon! ¡Esos desgraciados se fueron! ¡No los perdonaré!
Sin darme cuenta, las llamas iban cubriendo cada calle, cada casa y de un momento a otro, quedaba menos espacio para nosotros mismos. El incendio dejaba un humo denso y aunque no me afectaba, pronto los demás comenzarían a sufrir por la falta de oxígeno puro. Aun así, no puedo detenerme, debo drenar esta fuerza que ha surgido en mí.
- Anny, por favor detente o pronto acabarás con Heget y Siri.
Solo necesitaba escuchar sus nombres para recordar que no podría perder a nadie más. Ya con Bathory era suficiente, si perdía a mi madre y a mi mejor amiga, nunca podría controlar esa ira, esa desesperación.
Pero Bathory…
¡Debo acabarlos! ¡Debo alcanzarlos! ¡Los quemaré uno a uno!
- Prizio Da Water
Él pronunció esas palabras y la lluvia se hizo más fuerte. Pero no apagaba mis llamas ni lo que había incendiado, sin embargo, todo el fuego vuelve a mí y aunque no entra, se asienta a mi alrededor. Seguido a este, comienza a formarse una pequeña caja de agua. Es más grande que yo, pero a considerar lo que soy, es una magia pequeña.
Es increíble ver cómo el agua invocada por el Maestro hace retroceder mis llamas y las encierra en un espacio tan pequeño. Sobre todo, luego de ver cómo éstas acaban de destruir decenas de casas.
Maestro, ya puede levantar la barrera, el fuego está demasiado cerca de mí; no me sofoca, no me quema, pero me siento encerrada.
- Está bien, Maestro. Ya bajaré la guardia.
- No, Anath. Todavía no puedo dejarte salir.
- ¿Pero de qué habla Maestro?
- Lo siento, mi niña, pero si no controlas esas llamas, pronto estaremos perdidos. Es a eso a lo que han estado apuntando Cario y los demás.
- ¡No seas idiota, Thot!
- ¿Ves? Esa ira dentro de ti es la razón por la que no puedo levantar esta barrera.
- Hija… No dejes que la ira te invada. Libérate de ella, déjala fluir en tus llamas y regresa a ser tú misma.
- No lo entiendes, madre. Ninguno de ustedes lo entiende. Esos bastardos acabaron con mi padre, te utilizaron, y a Siri… Y escapan sin un rasguño. No puedo dejar que pase así como si nada.
- Lo sé hija, pero estás haciendo que su plan sea un éxito. Si nos mantenemos en la luz y podemos pelear para su próximo ataque, tendremos una oportunidad, pero si te entregas a la oscuridad ahora mismo, habrán ganado por completo.
- Yo no puedo… Simplemente no puedo estar tranquila…
Él gira su cetro y la prisión de agua se hace más pequeña. Entiendo que es por mi bien, pero mientras más presiona, más necesidad tengo de repelerlo con mis llamas; esto hace un ciclo interminable, pero indudablemente Él tiene mucho más poder que yo. Todo lo que hago, todos mis esfuerzos terminan en una de las paredes de agua y se disuelven antes de salir.
Mis llamas están agotadas y la Llama Escarlata no aparece, sino de seguro ninguno se atrevería a cuestionar lo que quiero hacer. Podría acabar con Lyra en un segundo si tan solo la Llama Escarlata estuviera por completo en mi poder.
Pero… ¿Qué estoy diciendo? ¿Yo sola contra Lyra? Eso es demasiado…
¿Por qué tanta ira dentro de mí?
¿Acaso estoy perdiendo mi luz?
- Lo siento, Anny…
- ¿Qué quieres decir, Dorian?
- Illúminus
Dorian ha… arrojado un rayo de luz sobre el agua y ahora no veo nada. Todo está demasiado blanco; hasta el rojo de mi fuego se ha ido, no puedo ver ni escuchar nada. Ahora sí que estoy en una verdadera prisión.
Soy prisionera de mi propio Maestro, después de arriesgar lo que soy por salvarles. Tal vez debí partir con Flin; esto es, una traición.