Han pasado exactamente treinta y cinco minutos desde que me animé a contarle una parte de aquello que viene atormentándome. Oculté los detalles más importantes, sí; pero hacerlo me alivió. Al menos ya no tendré que lidiar con la sospecha en sus ojos cuándo se suba a mi auto, o cuándo llegue el momento de visitar mi casa. Probablemente tengamos alguna que otra pelea en alusión a ésto. Conozco a Nicolas, es desconfiado en cuánto a su padre refiere, siempre trata de encontrarle el más mínimo trastabilleo con tal de desacreditarlo y alimentar así el sentimiento negativo; uno que lentamente va disipándose, por más que él lo niegue. Efectivamente han sido treinta y cinco minutos en los que se la pasó conversando del clima, el deporte, la universidad y nuestro proyecto de viajar juntos, per

