El sonido de una serenata mexicana hace eco en mi cabeza, y tratando de permanecer en mi sueño de playas caribeñas me remuevo en la cama, girando de un lado a otro. «Éstas son las mañanitas, que cantaba el Rey David» escucho en un tono de voz infantil. Me pongo boca abajo y sin abrir los ojos, busco entre tanteos la segunda almohada con que suelo dormir. Mi playa paradisíaca se ha acabado en un chasquido de dedos, y lo único que se procesa en mi cerebro semi despabilado y me tienta de apagar el teléfono de un martillazo, es la alarma. «Despierta, ni bien despierta. Mira que ya amaneció» Irritada, gruño al oír la canción altamente adictiva que después se me repite en la cabeza durante todo el día. Mis puños cerrados golpean el colchón y cuando ya no soporto más al payaso cantar

