Capítulo 67

2576 Palabras

La cabeza me da vueltas apenas abro los ojos. Es como si un bloque de concreto me hubiese caído encima comprimiéndome hasta las ideas. Me froto los párpados y despabilándome lentamente observo a mi alrededor. Estoy en mi dormitorio, con Ámbar acostada a mi lado. Los rayos del sol llenan el cuarto con su resplandor; resplandor que únicamente aumentan mi malestar y malhumor. Me remuevo en la cama y quitándome las sábanas de encima consigo sentarme para así cumplir con la primer labor del día: llevar ambas manos a mis sienes, presionarlas y rogar porque la jaqueca se calme. ¡Dios, menuda resaca! —¡Uf! —resoplo en un bajo alarido, mientras mi amiga se da la vuelta y me enseña su espalda—. A joderse, Charlotte —me sermoneo cuándo dificultuosamente logro poner un pie en el piso. La sed

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