22.

997 Palabras
Narra Nancy. Tiempo atrás. La espalda baja me duele en exceso, y con razón. No he parado de hacer los flayers que me encargaron, y eso junto a las actividades de la universidad me tienen pegada frente al computador. Doy un vistazo rápido hacia el comedor en donde Oliver come sin cesar y vuelvo a concentrarme en lo mío sin evitar mi bostezo. Son las dos de la madrugada y estoy más que exhausta. Casi arrastrándome me siento en el otro extremo de la mesa observando a mi novio y un nudo se forma en mi garganta, sin razón porque él parece verse bien, pero con razón porque sé que no lo está. Sueño intranquilo, desde el primer día. Hambre excesiva o poco apetito. Desanimo, falta de concentración... Oliver ha experimentado más de la mitad de las características que la psicóloga nos ha dicho, y aunque tiene alrededor de un mes con el tratamiento aún no veo mejoría. Las veces que he logrado ver a Scarlett y David han comentado que mi piel luce más clara y también que estoy más rellenita. Y todo se debe a que paso la mayoría del tiempo encerrada, a excepción de los días que asisto a clases. Alexandru ha invitado a salir a Oliver con los demás chicos pero este se ha negado múltiples veces. Tampoco asiste al taller de mecánica con sus hermanos. Simplemente se siente seguro dentro de estas cuatro paredes, según él. Y no quiero obligarlo a socializar. —¿Sabes qué pasa si no sacas 15 en el examen de estadística mañana? —Cuestiono. Oliver levanta una ceja sin dejar de comer su pastelito —Se te queda el segundo corte, también. —Uy, perdón mamá —Gruñe. —No me prestas atención cuando te explico ¿realmente quieres repetirla? Deja de comer y sus ojos verdes cristalizados me inspeccionan con gesto neutro —Me vale mierda. Suspiro sintiéndome triste por las veces que he recibido esa respuesta de su parte y subo mis pies a la misma silla para abrazar mis piernas mientras lo observo comer. A veces opta por actitudes muy distantes y otras muy sobrecargadas. Y la verdad no sé cuál es peor. Cuando está distante, como ahora, me sale con patadas, y cuando está muy apegado a mí no me deja respirar. Y por más que prefiera que se comunique y tenerlo cerca es... agobiante. Al punto de pensar si estoy haciendo algo mal. Me levanto de la silla al ver que no tiene nada que decir y me acerco al ordenador para apagarlo. Sin embargo, cuando me giro lo encuentro frente a mí con los ojos brillando y con la cabeza ladeada como un cachorrito. A veces pienso que sufre de algún trastorno de personalidad, pero no puedo afirmarlo porque a pesar de todo no sé exactamente cómo se siente y qué piensa. —Hace... mucho que no... —Baja la mirada, luce apenado. Sé a qué se refiere; desde aquél día que colocó Halo en la estéreo no hemos intimidado y no por mí... así que le regalo una sonrisa y lo abrazo —Lamento ser quien soy. Aquellas palabras han estado rodeando su mente hace varios días porque no ha dejado de decírmelo cada que hay un momento como este, en donde se da cuenta que realmente me afectan sus respuestas o actitudes. Por lo tanto, negando con mi cabeza poso mis manos en su cuello y me estiro para poder besarlo. Sus labios secos son llenados de saliva por los míos y sigo besándolo mientras él se concentra en quitar nuestra ropa. Mis palpitaciones suben cuando su mano pasa con descaro desde mi espalda baja hasta mi cuello haciendo presión logrando que el beso sea más salvaje. Y sin poder resistirme paso mis manos desde su cintura hasta sus tetillas mientras su lengua juega con el lado izquierdo de mi cuello. —Ahhmm... —Gimo cerrando los ojos. Aunque muero de sueño la adrenalina caliente en cada parte de mi cuerpo me mantiene alerta. Dejándome guiar al triste-sofá siento su cuerpo encima del mío. Y cuando ya estamos completamente desnudos él lame mis pezones con ganas mientras aprieto con fuerza sus hombros dejando una marca roja que sé se pondrá morada después por el color de su piel. —Dilo, dilo —Su mano ha estado tentando mi bajo vientre y yo estoy tan cansada que solo quiero sentirlo y quedarme profundamente dormida después. —T-tu propiedad —Cierro los ojos retorciéndome del placer que me genera que su polla tiente con entrar en mí. —Mi propiedad... —Sus labios rosados no pueden evitar que saque el gemido por la presión que siento dentro y comienzo a mover mis caderas mientras acaricio mis propios senos queriendo sentirme al máximo. Oliver se mantiene en silencio, con la cara colorada encima de mí y con sus brazos a los costados mi cuerpo, observándome con lujuria. Eso hace que me caliente aún más. —Ahh —Me sigo penetrando y no puedo creer las fuerza que tengo para hacerlo —Ahh... O-li... ah... Con un movimiento enredando nuestras piernas quedo encima de él y coloco mis manos encima de su pecho para comenzar a moverme con más comodidad. Es la primera vez en toda nuestra relación que deja que haga esto porque siempre le ha gustado tener el control encima. Así que aunque sienta que mi sueño me quiere ganar sigo al ritmo de lo caliente que me siento. Sus manos se posan en mi nuca y me llevan hasta él para besarme con lentitud, causando que mis movimientos sean más lentos mientras nuestras respiraciones suben cada vez más. Miro sus ojos verdes brillando —Te amo, Oliver, te amo demasiado... Soltar eso hace que mi pecho se hunda y el nudo en mi garganta se forme hasta no poder resistirlo. Allí comienzo a llorar mientras él me besa y nos mantenemos conectados. Es la primera vez que se lo digo.
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