24.

1020 Palabras
Narra Nancy. Tiempo atrás. —Buenos días... —Abrazo a Oli por detrás recostando mi cachete de su espalda desnuda. Hace mucho tiempo que no me sentía tan bien como ahora. Y es que, al parecer, el sexo acompañado de lágrimas liberadoras me ha quitado gran peso de encima. —Hola, caramelito —Se da vuelta dándole vida a los hoyuelos que no he podido ver mucho y doy un brinco haciendo que él tome mis nalgas mientras enrollo mis piernas en su cadera. Amo sentir que está bien. Y lo que más amo es saber que parte de ese bienestar es gracias a mí. —No puedo creer que me hayas dicho la palabra mágica —Besa mi nariz. Yo me estremezco y hundo mi nariz en su cuello cuando él logra sentarme en el mesón —Eres algo así como... Se quedó varios segundos pensando pero no halló las palabras, pues solo me besa dulcemente repetidas veces mientras noto el agua del café salir por las orillas de la olla. —El... —Él sin darse vuelta y sin quitarme la mirada de encima retrocede apagando todas las hornillas y regresa —Mi amor... —¿Quepa? —Me mira con una sonrisa gigante y siento que estaré por llorar pero trago hondo. No quiero arruinar el momento. —¿Vas a presentar la prueba? —Él hace una mueca y regresa a la cocina sacando unos platos. Bien, ya la cagaste. Me coloco a su lado ayudándolo a colar el café, en silencio, y cuando él termina de colocar los huevos, las tajadas y el pan tostado en los platos, me mira. —Voy a congelar —Entreabro los labios para hablar pero él me interrumpe —No quiero hacer las cosas mal, Nancy. Asiento, comprendiendo su punto de vista, y sonrío haciéndole saber que estoy de acuerdo. Él me guiña el ojo y parece otro. O más bien, parece él mismo que fue siempre. Llevo las tazas calientes con café a la mesa y me siento a su lado mientras comenzamos a comer. Lo observo y pienso muchas cosas, entre ellas: si será buena idea que lo invite a salir con los chicos, o quizás nosotros dos, claro, después de que regrese de la universidad porque... ¿Y si cuando regrese ya su humor ha cambiado? El miedo me invade. No lo quiero soltar. Necesito que nos sintamos bien, como ahora mientras él sonríe mientras lo miro. —Uhmm ¿qué harás hoy? Mi mirada va al pan, le pongo un poco de todo lo que hay y lo llevo a mi boca —She-val drabajo uni... Él asiente y sonríe dejándome ver los hoyuelos. Mi Dios me voy a derretir ahora mismo. —Quiero salir con los chicos ¿crees que sea buena idea? —Asiento de inmediato. Siento tanto alivio —Después de que regreses nos podemos encontrar, o no sé... Hace mucho no me había dado a elegir y eso me sorprende. ¿Han sido las pastillas o mi “Te amo”? Quiero pensar que son las dos. —Quiero salir con las chicas —Me muerdo el labio esperando su respuesta que es una sonrisa a boca cerrada mientras mastica —¿Estarás bien? Él asiente con otra sonrisa. Tengo un mal presentimiento. Las cosas parecen estar muy bien para ser verdad. Minutos más tarde, después de comer y alistarme para salir a la universidad me despido con un beso apasionado de él dejándole un “te amo”, por si a las moscas. Pero el miedo llega al saber que será la primera vez en semanas que interactuará con sus amigos. Me siento como una madre cuando suelta a su hijo único el primer día en pre-escolar. —Hey, cariño —La voz de David me hace temblar por la impresión. Levanto mi vista del teléfono en donde le estaba escribiendo que ya había salido de clases y él me sonríe. Ay, coño. —Epa ¿todo bien? —Digo. Él me deja entrar a su carro y veo las medallas guindadas que su padre le ha prohibido quitar del retrovisor. Las de segundos lugares en competencia por natación ya que las primeras las tiene su madre. Me alegro que David haya tenido la vida resuelta prácticamente desde que nació, pero sé que en el ámbito amoroso no le va del todo bien. —Ahí vamos —Se adentra al carro mirando hacia atrás mientras sostiene el volante y retrocede. Me atrevo a observar sus brazos descubiertos por su camisa blanca manga corta. Las venas en su cuello. La sombra de barba que le ha gustado dejarse, y finalmente lo mucho que su abdomen resalta. Mi cara arde al momento en que sus ojos cafés me pillan en plena mordedura de labios. ¡Carajo! Nadie lo manda a estar tan bueno. Él sonríe pícaramente frunciendo el ceño y su vista se concentra en la carretera. Esto ha sido demasiado incómodo. Ya me quiero bajar. —¿A dónde quieres que vayamos? —Cuestiona, sin mirarme. Muerdo una de mis uñas y la mastico rápido para escupirla por la ventana. Oliver odia que haga eso, y aunque David siempre hace muecas por ello no me dice nada. —No lo sé... Siento que estoy siéndole infiel a Oliver de alguna manera y eso hace que termine de morder un pedazo considerable de varias uñas. —¿Qué haces para matar la ansiedad? —Dice de repente, y esta vez sí me ve. —¿La ansiedad? —Rebobino que lo dice por lo de las uñas y paro —¿Qué puedo hacer? Siento que aunque estoy en un auto con un buen conductor y gasolina suficiente puede aparecer un loco y matarnos... Ese pensamiento en voz alta repentino es mi presentimiento literal con Oliver. —Eso no pasará si el conductor realmente es bueno —Me guiña el ojo. Me pregunto qué pasaría de Oliver se entera que en lugar de salir con las chicas estoy sola en un carro con David mientras su presencia imponente me intimida.
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