Capítulo 7

1541 Palabras
Alexander debía preparase psicológicamente para su festejo de cumpleaños, cada año Christine organizaba una gran fiesta en la cabaña que tenían en Billionaire Mountain de Aspen, no era temporada de esquí, pero a él siempre le había gustado la belleza del paisaje y ella lo sabía, cada que los negocios se lo permitían se escapaba a la cabaña, disfrutaba cenar en la ciudad y visitar las galerías de arte y por supuesto esquiar en temporada invernal. En el fondo agradecía que Christine se preocupara por festejar en uno de sus lugares favoritos, la hermosa casa de madera con grandes ventanales y una maravillosa vista hacia la montaña, le llamaban "cabaña" cuando en realidad se trataba de una magnifica mansión con todos los lujos y comodidades, pero él hubiera preferido pasar el fin de semana solo, con una tabla de quesos, un buen vino y la chimenea encendida acompañado por supuesto de un buen libro, o por qué no, con una hermosa mujer, como la que había visto esta noche. Casi amanecía cuando el helicóptero lo dejó en la mansión de los Ángeles, debía dormir un poco para viajar al siguiente día hacia Aspen, le entusiasmaba dormir solo después de la exquisita doble dosis de sexo que había tenido esta noche. Entró en su habitación y se desnudó quedando únicamente en bóxer, se metió en la cama y se sorprendió soñando con los hermosos ojos azules de la chica con la que había chocado en el Paradise, abrió los ojos y recordó la experta boca de Britany devorando su m*****o cual dulce caramelo, e imaginó lo delicioso que habría sido, si en su lugar hubiera estado la hermosa chica de ojos azules y boca tan deseable. “Volveré pronto” pensó, y se preparó para salir… Christine estaba entusiasmada dirigiendo al decorador para la cena de esta noche, después del drama del día anterior con la terapeuta, tenía que hacer que a Alexander se le pasara el enojo, pidió sus vinos favoritos y la comida que más disfrutaba, ella sabía que sus esposo no se atrevería a pedirle el divorcio ni a engañarla con otra, tenía demasiado que perder, durante los cinco años de matrimonio, él había manejado el consorcio a su antojo, en realidad ella nunca se había preocupado por saber en qué se gastaba el dinero del emporio, únicamente veía su cuenta bancaria, con muchos más ceros cada que se le depositaban las utilidades. El día transcurrió y poco a poco comenzaron a llegar los invitados, todos disfrutaban del buen gusto de Christine y de lo espléndidas que eran las fiestas que organizaba, ya que incluso rentaba un hotel cerca de la cabaña, para que se hospedaran aquéllos que no tenían la fortuna de tener una casa en ese exclusivo lugar. Impaciente por la tardanza de su esposo, se acercó y miró por la ventana, cuando sintió unos brazos masculinos que la rodeaban por la cintura y unos labios que le daban un beso en el cuello. —     ¡Mi amor, has llegado! — dijo volviéndose entusiasmada. —     Lamento decepcionarte querida, — Dijo el hombre con una sonrisa seductora, tomando sus manos y llevándolas hacia sus labios. —     ¡Iker! ¡Viniste! — dijo ella en un grito de emoción. —     ¡Claro! Cómo perderme tu maravillosa celebración anual en honor de tu flamante esposo. —     ¡Vamos Iker! Ya supéralo, han pasado cinco años, lo que hubo entre nosotros ya pasó a la historia. —     Lo sé querida, pero no pierdo la esperanza de que en algún momento te des cuenta de que elegiste al hombre equivocado,  yo te he amado siempre, y lo sabes. —     ¡Por favor! Tu sabes que en el corazón no se manda y yo me enamoré como adolescente de Alexander, por eso me casé con él. —     Tu insistes en decir que es amor querida, y tal vez de tu parte lo sea, pero tarde o temprano “tu esposito” sacará el cobre y yo estaré aquí esperando para decir “Te lo dije” y seré feliz porque será mi oportunidad. __ ¿Por qué insistes en eso? Alexander, hasta ahora ha demostrado ser un hombre intachable. __ Tiempo al tiempo, querida y mi mayor virtud, es la paciencia. IIker Balzareti era el amante en turno de Christine, pero lo dejó cuando conoció a Alexander y se propuso seducirlo, él tenía la esperanza de fusionar su pequeña empresa con el consorcio Spencer y así hacer crecer su fortuna, creía que tenía a la mujer en sus manos y le cayó como bomba cuando ella lo dejó para casarse con un empleado arribista, pero seguía abrazando la esperanza de que Alexander cometiera un error, sabía que Christine no se lo perdonaría y él tendría nuevamente su oportunidad. Seguía muy de cerca los pasos de Alexander y en cinco años no había encontrado nada sospecho, el joven esposo, tenía una conducta intachable, tanto en los negocios, como en la fidelidad hacia su esposa, pero Christine ya no era tan atractiva como antes, solo era cuestión de tiempo. Cuando Alexander llegó a la fiesta, ya todos los invitados tenían una copa en la mano, lo recibieron con el tradicional “Feliz cumpleaños” él dibujó una sonrisa en sus labios, mientras esperaba que Christine se acercara a ser la primera en felicitarlo, uno a uno los invitados se acercaron a darle un abrazo, algunos con sinceridad, algunas con lujuria y otros con ironía. —     ¿Qué haces aquí Iker? — Preguntó Alexander cuando tocó el turno al examante de Christine. —     Vine para ser testigo de tu pronto regreso al arrabal de donde saliste. —     ¡No pierdas tu tiempo! Eso no lo verán tus ojos. —     Yo sé que el tiempo me dará la razón y Christine se dará cuenta de que ha elegido al vividor equivocado. —     Tal vez tú seas un vividor, yo he trabajado mucho para triplicar esa fortuna, lo que tengo me lo he ganado. —     ¡Si claro! Ya me imagino como lo has ganado. —     ¡Será mejor que te largues! No tienes nada que hacer aquí. —     Me iré, pero recuerda que te estaré vigilando muy de cerca “Maldición” Pensó Alexander, tenía que ser muy cuidadoso con sus escapadas al Paradise Cabaret, se había olvidado de Iker, aun cuando su empresa era pequeña, se movía entre las grandes esferas de hombres de negocios, si alguno de los socios de Enzo cometía una indiscreción, sería su fin, aun cuando el abogado le había dicho que pagar por placer no era lo mismo que tener una amante y que no podía ser usado en su contra, él prefería no correr el riesgo de tener que averiguarlo en el juzgado. La presencia de Iker le daba a Alexander el pretexto perfecto para no dormir con Christine esa noche, después de haber disfrutado tanto, debía esperar o correría el riesgo de que su esposa no lograra despertar a “su amigo”, aunque él siempre estaba listo cuando de sexo se trataba, cada vez le costaba más satisfacer a su mujer. Se acercó a Christine y con una sonrisa, se disculpó con los invitados, —     ¿Me permites querida? —     ¡Claro amor! ¿Estas disfrutando la fiesta? —     ¡Me quieres explicar qué demonios hace Iker Balzareti aquí? —     Amor, tu sabes que él es un amigo de la familia desde hace años… No pensé que te molestara. —     ¡Escúchame bien Christine! ¡O se larga él o me largo yo! Tú decides. —     Pero mi amor, ¿Cómo le voy a pedir que se vaya? Sería una grosería de nuestra parte. —     Ok está bien, discúlpame con los invitados, me siento indispuesto, me voy a dormir. —     Pero… Alexander, ¡No me puedes hacer esto! —     ¡Claro que puedo! —     ¡Queridos amigos! — Dijo levantando la voz para que todos los invitados pudieran escucharlo — Les agradezco mucho su presencia, pero he estado muy estresado los últimos días y tengo una fuerte jaqueca, me van a disculpar, pero me retiro, por favor sigan disfrutando de la velada en mi honor, mi querida esposa se queda con ustedes. Christine se sonrojó ante la mirada atónita de sus invitados y se quedó muda al ver a su esposo subir las escaleras hacia las habitaciones, sentía vergüenza por la actitud tan grosera de Alexander al dejar colgados a los invitados a festejar su cumpleaños, pero nunca pensó que su esposo fuera a tener un arranque de celos, en el fondo se sintió halagada y feliz por despertar ese sentimiento en Alexander “Son celos” pensó y sonrió para sus adentros. Iker por su parte, sonrió y disfrutó la escena, sabía que él había sido el causante del malestar del festejado, le dio un sorbo a su Martini, tomó la aceituna y la miró diciendo en voz alta “Iker uno, Alexander cero” y se la llevó a la boca triunfante. Alexander aprovechó el incidente y se encerró en una de las habitaciones de invitados, tomó una ducha y se acostó a dormir, los ojos azules y la boca sensual volvieron a aparecer en sus sueños, apenas cerró los ojos la sensual boca de la angelical chica devorando su duro m*****o, mientras sus hermosos ojos azules lo miraban directamente a los ojos, era la visión más excitante que había tenido en su vida. Los fuegos artificiales en su honor y la algarabía de los invitados lo despertaron, estaba totalmente bañado en sudor y había tenido una polución nocturna. La hermosa chica de ojos azules y sonrisa angelical, se había convertido en una obsesión, una obsesión que el dinero podía comprar.   
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