Capítulo 6

1322 Palabras
Esa noche, los sueños de Yannin comenzaban a hacerse realidad, Charly, ordenó que le asignaran uno de los camarotes destinados a las escorts, la mayoría de las chicas vivían en tierra, solo algunas preferían vivir en el Yate por comodidad y economía así que a Yannin le asignaron uno de los más grandes y cómodos, se acababa de convertir en la chica favorita de Charly, era como un diamante en bruto, habría que pulirla, y eso llevaría tiempo, pero la recompensa bien valía la pena, el esfuerzo y el dinero invertido en ella. Charly le pidió a Gonzalo el cocinero que le llevara a Yannin una suculenta cena, y ordenó que a partir de ese día, la chica se alimentara con lo mejor que hubiera en la cocina, pero cuidando la dieta para que conservara su delicada y esbelta figura,  le dio la orden a la encargada de vestuario de que le llevara un pijama cómodo que se encargara de darle todo lo necesario para vestirse a diario, así como de comenzar a preparar vestuario a su medida para su presentación estelar. Yannin estaba muy contenta, no entendía por qué Charly estaba siendo tan amable con ella, pero sabía que pronto estaría bailando en el cabaret junto con esas mujeres bonitas que ella tanto admiraba y si tenía suerte podría bailar para el joven príncipe que había visto esta noche llegar en el helicóptero. Se recostó en su nueva cama, no podía creer lo cómoda que era, olía a un fresco perfume, como el olor que dejaban las princesas del cabaret al pasar y que ella sólo había podido oler mientras estaba escondida para que nadie la viera y las sabanas eran suaves al igual que el colchón que se amoldaba suavemente con su peso;  no como su viejo catre lleno de resortes salidos que se le encajaban en el cuerpo cada vez que se movía y hacía tanto ruido, que tenía que hacer un gran esfuerzo para no moverse si quería dormir un poco. Cuando Gonzalo llegó con la cena, Yannin no podía creer, era la primera vez que comía un filete de carne adornado con una fresca ensalada, no tenía nada que ver con los sobrantes de comida que le daban a la tripulación, lo tomó con las manos, puesto que ella nunca había usado cubiertos, "Tenemos mucho que enseñarle" pensó Charly  tiene que aprender a comportarse a la altura de nuestros invitados.  Alexander estaba más que complacido con el regalo de cumpleaños que se había concedido, una vez que la puerta del camarote presidencial se cerró comenzó a darle rienda suelta a todo el fuego que llevaba dentro, agradecía no tener que hablar bonito, ni tener que comportarse como un caballero, pero sobre todo disfrutaba hacerlo por gusto y no por obligación. Se sentó a la orilla de la cama mientras Shayla le daba un suave masaje en la espalda y la rubia le desabotonaba la camisa, las manos de él comenzaron a masajear suavemente los pechos firmes de Britany, “qué bien se siente” pensó hacía tanto que no tocaba unos senos que no estuvieran llenos de silicón que disfrutó al máximo chupando y mordisqueando los de la joven rubia una vez que la despojó del vestido verde. Shayla se encargó de quitarle la camisa y colocarla cuidadosamente en un perchero, al igual que el pantalón, era una estricta regla no dejar indicios de perfume ni de maquillaje en el atuendo de los invitados y cuidar que sus finas ropas no sufrieran ningún daño que pudiera sugerir lo que el portador había hecho en las últimas horas. La joven cubana, miró por unos segundos a aquél adonis moreno y hermoso comiéndose los pechos de la rubia, suspiró y se unió a la acción, se hincó en la cama detrás de él y comenzó a besarle el cuello y la nuca, mientras masajeaba los hombros, para Alexander era una sensación reconfortante, había estado muy estresado en los últimos días y la chica tenía las manos tan suaves y sin duda sabía exactamente dónde presionar. Britany estaba disfrutando claramente su trabajo en ese momento, no todos los días podía “coger” con un hombre tan deseable como el que tenía enfrente. Alexander se deshizo de toda prenda de la rubia, dejándola a su merced totalmente desnuda y expuesta, con un movimiento la puso de rodillas en el piso y le ofreció su duro y grueso m*****o para devorarlo, mientras tomaba de la mano a Shayla para que se pusiera de pie junto a él, el vestuario púrpura cayó al piso en cuestión de segundos y la chica se hincó en el suelo a hacerle compañía a su compañera, eran como niñas chupando el mismo caramelo a la vez, de cuando en cuando sus lenguas se tocaban provocando en Britany una excitación que no había creído posible. Shayla fue la primera en sentir el duro m*****o dentro de ella, mientras se encontraba en posición de perrito sobre Britany, sus pechos rozaban con los de la rubia al ritmo de cada embestida, cada vez más duro, cada vez más rápido. El adonis parecía insaciable, varios preservativos cayeron al suelo, ambas chicas estaban exhaustas y más que satisfechas, nunca antes habían disfrutado tanto cumplir con su trabajo, las dos habían alcanzado el tan deseado orgasmo en varias ocasiones, las manos del invitado eran expertas en dar placer, hacerlas gemir mantenía la excitación en él. Britany estaba sorprendida de lo bien que sabían los labios de Shayla, ya que tuvo que probarlos en varias ocasiones al igual que sus fluidos. Cómo le hubiera encantado probar los labios del invitado, su boca era tan perfecta y sus labios tan deseables, pero él únicamente se limitó a chupar y a mordisquear sus senos, en ningún momento correspondió el sexo oral ni permitió los besos en la boca. Faltaban unas horas para el amanecer, Alexander llamó al capitán, para que fuera a recogerlo, se dio una ducha y Shayla le secó el cabello y arregló su corbata, en cuanto el helicóptero llegó salió corriendo, no sin antes dejar sobre la mesa una cuantiosa propina para las chicas.  Yanin estaba tan emocionada, que no lograba conciliar el sueño, el ruido del helicóptero llegando la hizo sobresaltar, tal vez podía ver al joven príncipe una vez más, Salió corriendo para ver si lo alcanzaba, subió las escaleras hacia cubierta y justamente Alexander bajaba de los camarotes superiores, chocaron en un golpe tan fuerte que la joven cayó al suelo rodando la escalera. —     ¿Estás bien? — corrió él a auxiliarla al verla tirada en el piso. —     Estoy bien, — dijo ella esbozando una angelical sonrisa y mirándolo a los profundos ojos oscuros. Alexander quedó prendado de los hermosos ojos azules de la chica, de su angelical sonrisa, llevaba un pijama de bóxer y camiseta, su delicada y blanca figura parecía romperse entre sus manos que la sostenían de los brazos para ayudarla a levantarse. —     ¡Fíjate por donde corres niña! — dijo tratando de parecer malhumorado y de no demostrar lo impactado que estaba ante la belleza natural de la chica. La soltó y siguió su camino hacia el helipuerto. Yannin corrió a cubierta y vio el helicóptero alejarse brillando en la oscuridad, parecía flotar entre las nubes, en los cuentos de princesas que le contaba su madre, el cuento siempre terminaba en una gran cena con un baile, así que cenar y bailar con él sería a partir de esa noche su mayor ilusión y ahora ya no lo veía imposible, ella haría todo lo que Charly le dijera, estaba dispuesta a obedecer ciegamente con tal de convertirse en una princesa de Cabaret. Durante el trayecto de regreso a los Ángeles, Alexander no podía quitar de su mente esos hermosos ojos azules y la boca finamente delineada. Definitivamente tenía que volver, tenía que regresar a la Paradise Cabaret, “Debía haber visto bien el catálogo que me ofrecían” se riñó a sí mismo, seguramente la hubiera visto allí “Es una lástima que sea sólo una prostituta” pensó.   
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