–No me dijiste que te habías encontrado un amigo en la boda –mencionó Warren cuándo llegamos a la habitación. –Ah sí –murmuré –. Tampoco esperaba encontrarlo, hace tiempo que no lo veía. –¿Ya lo habías encontrado antes? –Una vez, me ofreció un empleo en el lugar donde trabaja, pero no lo acepté. –¿Cuándo fue eso? –Mmm… –intentaba pensar como decirle esa respuesta, pero no encontré otra forma –. Poco después de que tuviste el accidente. –Y lo rechazaste. –Tenía que hacerlo –encogí los hombros –. Eres un hombre muy gruñón, nadie quería aceptar cuidarte, eso… bueno, ya no importa, fue hace mucho. Me tomó por la cintura y me besó, bajó por mi cuello y me reí al sentir el roce de su nariz, se separó, fijó sus ojos sobre mí, pasó su mano por mi cabello. –Aún me sigues cuidando

