Volteé y miré hacia la puerta. Antes yo salía solo y luego regresaba solo. Pero ahora, era diferente.
Esa era mi casa, era el lugar de donde partía, pero al mismo tiempo era el refugio de Sayu. Era el
lugar donde debía estar protegida y donde debía estar tranquila. Creía que con solo pensar que debía
trabajar para proteger esa casa surgía en mí tan solo un poco de fuerza positiva.
—Bien, vamos.
Tosí un poco y luego di un paso. La extraña situación en la que un hombre de mediana edad y una
estudiante de preparatoria vivían juntos todavía continuaba.
Fin
*Huevo frito*
—Ah.
Una yema de huevo frito cayó en la mesa.
—Qué desperdicio.
Limpié la mesa con un trapo húmedo.
—Perdón, se me cayó un poco.
Sayu se disculpó por haber tirado la yema y porque se desperdiciaría algo que ella misma había
preparado mientras llevaba el desayuno a la mesa, sus ojos parpadeaban por la sorpresa y dejó escapar
una risa involuntaria.
—Está bien, además, no fue a propósito. Para ser honestos —murmuré a Sayu, quien separaba
hábilmente con los palillos la clara de huevo y la ponía en su boca. Sayu no cortaba la yema de huevo,
dejándola intacta mientras que se comía la clara sin dejar un ápice. Mi forma de comer un huevo frito
es romper rápidamente la yema y mezclarla con la clara, la forma de comer de Sayu tenía algo que
era un tanto fresco—. Es el huevo frito preparado por Sayu.
De pronto tomé la decisión y dije eso, lo que causó que Sayu dejara de mover sus palillos por un
momento e inclinara la cabeza.
—¿Mm?
—No, pienso que la yema es bastante blanda. ¿Está medio cocida?
—Ah…
Sayu asintió de forma ambivalente y volvió a inclinar la cabeza.
—Tal vez, ¿te desagrada?
—No, no, no es eso. Me gusta que esté suave. Tampoco me gusta mezclar la yema y la clara porque
no tiene buen sabor.