**SEÑORA SINCLAIR** No podía permitir que supiera la verdad sobre Mateo. Tenía que mantener la fachada. —Gabriel, solo estoy asegurándome de que Mateo esté bien —respondí, intentando sonar despreocupada—. Ha estado un poco… débil últimamente. Gabriel frunció el ceño, y su mirada se desvió hacia la cama. La expresión de su rostro cambió al ver a su hermanastro. La preocupación se convirtió en alarma. —¿Está… está bien, él? —preguntó, acercándose a la cama. Aproveché su distracción para sembrar la duda en su mente. —Lo está, pero necesitamos que permanezca tranquilo. A veces, los medicamentos pueden hacer que se vea un poco… diferente. —Mi tono era suave, casi maternal, mientras lo observaba acercarse a Mateo. —¿Qué le has dado? —su voz se volvió más dura, y pude ver la chispa de d

