4. Corazón Roto

1005 Palabras
Lucía Reyes Lo veo marcharse sin siquiera regresar a verme, y lo único que sale de mí es un grito de dolor. "¡Maldito Stefano!", exclamé con tanta fuerza que sentí el desgarro de mis cuerdas vocales. No pude evitar derrumbarme en la costosa alfombra que se encontraba en el centro de la sala. Mis ojos se empaparon de lágrimas, el dolor que siento me consume como nunca antes algo lo ha hecho, esto es lo más doloroso que he experimentado. Nada se comparaba verlo partir sin esperanza alguna, eso fue un golpe que atravesó mi corazón. Me acosté en el suelo en posición fetal, abrazándome tan fuerte como pude para ver si así dejaba de doler. Quería contenerme, juro que quería controlar lo que sentía. Pero el dolor era demasiado intenso, yo no pude evitar dejar que las lágrimas fluyeran libremente, mientras sentía como si un cuchillo me atravesara el corazón, desgarrándolo fibra tras fibra. La ruptura de nuestra relación ha sido como un terremoto que me había sacudido hasta los cimientos, dejándome sin aliento y sin rumbo. Stefano, el mafioso italiano que había cautivado mi corazón, había sido mi todo. A pesar de su pasado oscuro y su presente peligroso, había logrado hacerme sentir segura y amada. Pero ahora, todo había terminado. Mientras miraba la pulsera que apenas ayer me dio, comienzo a recordar la primera vez que lo vi, con su mirada intensa y su sonrisa enigmática, parecía ser inquebrantable , era tan alto, tan fuerte, aunque ese día estaba herido, nada lo perturbaba, él siempre dijo que yo le salvé la vida pero en mi interior, era él y su amor los que hicieron que yo me sintiera con ganas de vivir intensamente como nunca antes lo había hecho. Me había parecido un hombre peligroso, pero también fascinante. Y ahora, después de todo lo que habíamos pasado juntos, me sentía como si hubiera perdido una parte de mí misma. Después de una hora de llanto subo a la habitación que hace pocas horas compartimos con pasión y ahora me parecía vacía y silenciosa sin él. Me sentía como si estuviera caminando por un desierto sin fin, sin rumbo ni propósito. El dolor que sentía era como un peso que me aplastaba, haciéndome difícil respirar. Me pregunto cómo había podido dejar que esto sucediera, dos años con una relación extraña, yo entendía su vida turbia como la noche, él protegía mi seguridad, teníamos un acuerdo encontrarnos cada Navidad en esta misma cabaña, tres veces la compartimos durante este tiempo los dos en nuestro pequeño mundo, pero esta tercera lo que me ha dejado es un corazón roto.. ¿Cómo pude enamorarme de un hombre como Stefano, que vivía en un mundo de violencia y corrupción? ¿Cómo había podido creer que nuestra relación podría funcionar, a pesar de todo el esfuerzo que pusimos en mantener nuestra conexión? ¿Será que nos faltó luchar, o será que nos sobró amor para poder renunciar.? Pero ahora, ya no importaba. Lo único que importaba era saber ¿Qué hacer con todo lo que siento?¿qué hago yo con este amor? Me sentía como si hubiera perdido todo, y no sabía cómo seguir adelante sin él. El me enseñó mucho, ser valiente, fuerte, amarme a mí misma, y no dejar que nunca nadie me aplaste, pero, ¿por qué demonios no me enseñó a vivir sin su presencia y amor? Ahora entiendo la nostalgia con la que me miraba, la entrega con la que me besaba, él lo sabía, tenía que dejarme, aún así quiero comprenderlo,pero cómo hacerlo si no sé el motivo de su abandono. Seguramente es su vida caótica delictiva, conmigo era el Stefano que soñaba ser, la burbuja se rompe y la realidad llega esto es lo que somos: el un mafioso cruel, yo una escritora, dos mundos diferentes que se unieron por un mal chiste del destino para sentir el más grande de los amores. Estoy segura que nunca nadie amara como lo hicimos nosotros. Para mí 25 de diciembre era la fecha que más me gustaba desde que lo conocí,la había asociado con la alegría y el amor de tenerlo. Pero hoy, todo era diferente. Hoy, era el peor de mis recuerdos. Me encontraba sola en mi habitación, rodeada de la decoración que nos acompañó en nuestra noche de pasión, esas que ahora parecían burlarse de mí. Stefano se había ido. Sin explicaciones, dejándome con un “todo terminó” y su imagen marchándose lejos de mi, dejándome con un vacío que parecía no tener fondo. Me acordé de la promesa que le había hecho, pues el un día de esos pocos que pudimos compartir me dijo: — Si un día me voy, llora por mí solo un día. Eres demasiado mujer para llorar por alguien, ni siquiera por mí— Pero ahora, no podía evitar llorar. No podía evitar sentir que mi mundo se había derrumbado. Stefano había sido mi todo, mi razón de ser. Y ahora, se ha ido. No se cuando me quede dormida, lo que sé es que al despertar ya había caído la noche así que me levanté de la cama y me acerqué al espejo. Me miré a mí misma, no reconocí la persona que me devolvía la mirada. Tenía los ojos hinchados, la piel pálida y el cabello despeinado. Pero no era solo mi apariencia lo que había cambiado. Era mi interior, mi corazón. Stefano se había llevado una parte de mí cuando se fue, no sabía cómo recuperarla o si en verdad quería recuperarla. Me senté en el suelo, sabiendo que, aunque Stefano me había pedido que solo llorara por él un día, no podía cumplir esa promesa. Porque mi dolor era demasiado grande, demasiado profundo. Y no sabía cómo superarlo, él me dio todo cuanto pudo yo le di todo lo que tenía y aún así sabíamos que este día llegaría, estábamos condenados a esto, él nunca me llevaría a su mundo, su amor era así de grande y puro.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR