Stefano Bianchi:
Este día es el día más triste de mi vida, son las 8 de la mañana y mi hermosa mujer aún duerme, como el dulce ángel que es.
Disfrute cada segundo junto a ella, duele pero es lo correcto.
Me levanto busco mi boxer, me lo coloco y me dirijo al baño.
Me doy una ducha rápida, 15 minutos que para mí son eternos, pensando en todo lo que he vivido con mi hermosa Lucia, mientras cae en mí esta lluvia artificial dejó que mis ojos expresen lo que mi alma siente, dolor.
Apago la ducha, y procedo a vestirme, con mi usual traje n***o, tan n***o como mi alma, miro mi rostro en el espejo y veo que estoy listo.
Miro que Lucia aún duerme, decido prepararle el desayuno.
Mientras preparo unos wuaffles caseros con una salsa de frutos rojos que sé que le encantan, sonrió al ver lo hábil que me he vuelto, todo por amor a ella, aprendí a cocinar por ella, fue gracioso cuando Alessandro mi mano derecha me consiguió a un chef profesional que me enseñara en secreto el arte culinario, nunca nadie sabrá la razón por la cual el jefe de la mafia de Silicia quería cocinar, aprendí todo tipo de comida pero hice énfasis en este tipo de postres, sabía que eran los favoritos de mi gran amor.
Este ha sido el secreto mejor guardado que he tenido en mi podrida vida, Lucia es mi mayor tesoro y la he cuidado como tal.
Cuando todo está listo lo sirvo en una bandeja y coloco decorando de manera romántica y detallista. Unos waffles en forma de corazón, coloco la salsa en un pozuelo, el jugo de naranja y su taza de leche tibia.
Le encanta el dulce y no soy nadie para negárselo, si fuera por mí le pusiera el mundo a sus pies, pero no puedo, solo por el simple hecho de que soy el maldito jefe de la Costa Nostra y si la trajera a mi mundo estoy seguro que ella moriría, y eso nunca lo permitíria, así tenga que hacer lo que haré.
Solo espero confío que mi Lucy pueda entender no quiero romperle más el corazón .
Cuando voy subiendo con la bandeja a la habitación, miro a mi hermosa mujer con el cabello húmedo, un par de leggins con un enorme saco rojo navideño, a ella le encanta esta fecha.
—Feliz Navidad, amore— me dice sonriendo, yo la miro, sonrió por usar palabras en italiano, me gusta cuando salen de su boca.
—Feliz Navidad, Lucia, te traje el desayuno— me mira encantada y comienza a devorarlo.
Nunca vi a una mujer amar tanto la comida, esa es una de las cosas que extrañaré de ella.
Contemplarla se había convertido en mi pasatiempo favorito.
Verla terminar su desayuno, me puso a sudar de los nervios, el momento llegó, ese que tanto evite, me duele, mi corazón muere lentamente, puedo sentirlo.
— Lucia, tenemos que hablar— le digo con mi voz intimidante, ¿que si le causó miedo? Pues no, ella no me teme ni nunca lo ha hecho sabe que me tiene comiendo de su mano.
Veo como al escucharme se coloca sus botas de invierno, sé que piensa que saldremos a nuestro paseo tradicional pero esta vez no se hará.
— Claro amor, lo haremos en nuestro paseo navideño— me dijo con presión.
La tomé de la mano mientras bajábamos a la sala de estar, yo ya tenía mi equipaje listo en la puerta para irme.
—¿qué está pasando?— me pregunto en tono un poco elevado.
— Lucia, esto se acabó — le dije fingiendo fortaleza, ella me miró con fuerza queriendo comprender.
— mi amor hoy tengo que decirte adiós, tengo mucho que agradecer principalmente por permitirme tenerte, amarte— le dije con nostalgia
— ¿me estás dejando? — preguntó asustada.
— si, — le respondí — por tu felicidad y la mía es momento de dejarnos ir—
— ¿ya no me amas? — me preguntó con lágrimas en los ojos.
— te amo demasiado, sabes quién soy, por eso antes de arrastrarte a un mundo de sombras te dejo en libertad— dije con suavidad, juro por Dios que solo pedía que lo aceptara sin necesidad de herirnos.
— podemos seguir como hasta ahora, yo puedo esperarte, te amo Stefano.— me dijo llorando, me duele más a mi verla así, no es de las personas que ruegan, lo sé, pero lo ha hecho, sé que se contiene por mandarme a la mierda, y no lo hace.
— Lucia se acabó, nuestros mundos son distintos esto no da para más — le dije aún más firme, con cara de indiferencia pero por dentro derrumbándome.
— eres un cobarde — me reclama — no quieres luchar por nuestro amor—
— no es eso Lucia, que no te has dado cuenta que te amo, pero no soy yo quien está a tu lado cuando enfermas, te extraño y no soy yo quien te consuela, no soy yo el que te recibe después de un mal día, no soy yo el que te cocina a diario, no soy yo quien vive contigo y te alienta a alcanzar tus sueños, ese no soy yo— le dije exasperado
— solo somos esto, días de navidad escapando de la realidad— le dije con dolor.
Ella limpió sus lágrimas, me miró con rencor, y eso hizo que mil cuchillos traspasaran mi corazón
— si eso piensas, pues bien vete, pero escúchame bien Stefano Bianchi, si te vas no regreses ni en esta ni en otra vida, si te vas se acabó y para siempre— dictaminó con valor y vaya cuánto dolió.
—Questo è per te ( esto es por ti)— susurre con tanto dolor, mientras tomaba mi equipaje,girando abrí la puerta y me fui, sin siquiera regresar a ver .
— ¡maldito seas Stefano, !— gritó de dolor, ese fue mi punto de quiebre,el día en el que morí definitivamente o en el que me convertí en un fantasma, dándole al amor de mi vida un cruel adiós.