NARRA CAMILA La mayor parte de la ceremonia consistió en discursos y felicitaciones, tantos que pasaron casi dos horas antes de que empezaran a entregar los diplomas. Salimos de nuestras filas según las instrucciones, por orden alfabético, y al cabo de unos minutos, por fin llegó mi turno. Me puse de pie, estreché la mano del decano, recibí mi diploma y posé rápidamente para la cámara situada frente al escenario. Miré hacia donde sabía que estaban sentados mis amigos, pero vi que Renata e Iván habían desaparecido misteriosamente. Cuando volví a mi asiento, volví a mirar hacia las gradas. Esta vez, Adrián estaba hablando por teléfono con mucha animación, y Renata e Iván seguían sin aparecer. La ceremonia solo duró otros treinta minutos. La preocupación se apoderó de mí, sustituyendo a l

