NARRA ADRIÁN Las estaba esperando en la pista cuando regresaron a Nueva York. Ahuyenté al aparcacoches y abrí yo mismo la puerta para Lara y Camila. En cuanto se cerró la puerta detrás de ellas, les dije: —Les pido mil disculpas por el comportamiento de Alex. Es el máximo responsable de este proyecto y sus acciones de hoy no han estado a la altura. Lara resopló. —Sí, menuda joya tienes en tu junta directiva. Ha intentado echarla a los leones. —No pasa nada. Ya me he ocupado de él y el asunto está terminado. Ahora tengo cosas más importantes que el ego de un hombre. —No la subestimes —dijo Lara, poniéndome una mano en el hombro—. Ha sido la mejor reprimenda que he visto que no fuera mía. Y eso que conozco a Renata. Camila abrió mucho los ojos. —¿Conoces a Renata? —De pasada, claro,

