NARRA CAMILA El chisme se fue apagando durante la semana. Ya para el viernes, yo andaba con un nudo en el estómago. ¿Quién me mandaba a decir que sí a esa reunión después del trabajo? No solo iba a estar Adrián, también iban a estar otros de la empresa. Lo único que me calmaba un poco era saber que Iván iba a estar; habíamos estado texteando toda la semana, aunque él seguía fuera del estado y recién volvía el jueves. Así que cuando llegó la hora de recoger, guardé todo con calma, revisé tres veces las cerraduras… y solo cuando ya no tenía pretexto para seguir ahí, me fui. Todo estaba callado mientras caminaba hacia recepción. Apreté el botón del elevador. —Eh, espera —escuché atrás, y pegué un brinco. —¡Ay, Sergio! ¿Qué haces aquí todavía? Se aguantó la risa. —Sorry, pero el Sr. Mo

