NARRA CAMILA A pesar de que Vera insistió, pasé el domingo sola. La dejé en su departamento por la tarde y decidí que ya había tenido suficiente por el fin de semana. Igual, Iván y yo estuvimos mensajeándonos todo el día, y me di cuenta de que me estaba abriendo con alguien por primera vez en mucho tiempo. Yo le conté mi sueño de vivir en un pueblito pintoresco como los de las pelis, donde conoces al barista de siempre y al cartero por su nombre. Cuando me habló de una cabaña que tenía en una zona rural de la ciudad, me imaginé ahí con él. Leo me había dejado un sabor amargo. Pero perder el tiempo viendo cosas en internet me recordaba que no todos los hombres eran horribles. —No sé qué hacer —dije en voz alta. Iván y yo nos llevábamos bien, pero de ahí a considerarlo un buen partido…

