NARRA CAMILA Estaba tratando de pasar el sábado decidiendo si debía quedar con Iván el domingo o no. Sin duda era un chico guapo y de buen carácter. Pero eso no eliminaba el factor complicador que era mi embarazo. Me acomodé en el sofá con una pizza, palitos de pan, y un bote de helado esperando en el congelador. Para mí, eran la solución a todos mis problemas. Me había despertado a las dos de la madrugada con un antojo tan voraz de pizza que me quedé mirando el reloj, esperando que abriera la pizzería más cercana. Entré un minuto después de que abrieran, y el personal me miró como si estuviera loca. Lo último que esperaba era un mensaje de mi antigua jefa, Malena. No le di mucho aviso sobre mi nuevo trabajo. Literalmente terminé mi turno antes de decirle que me iba y que no volvería.

